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Patagonia, tierra de volcanes

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Nota de Ángeles Smart - Fotos gentileza artistas

Del 16 de agosto al 8 de octubre se realizó la muestra Patagonia, Tierra de Volcanes. Una mirada desde el arte en Bariloche, El Bolsón, Lago Puelo y Villa La Angostura. La experiencia se generó a partir de un proyecto de la Universidad de Río Negro en el marco de una convocatoria del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.

Hay momentos que interrumpen la continuidad del acontecer y que sin estar en el tiempo, lo fundan y constituyen. Son instantes que distribuyen el antes y el después a partir de la aparición de la diferencia. Ebullición que siempre estuvo como posibilidad, pero que aletargada por la inercia de la vida cotidiana, se distrae en leves ardores y borboteos intrascendentes. Más bien raros, estos momentos instauran regímenes de circulación nuevos y amalgaman relaciones inéditas. Así, la erupción del volcán Chaitén en el otoño del 2008 y la del complejo volcánico Puyehue – Cordón Caulle una tarde de junio del 2011, no sólo provocaron profundos cambios en el día a día de los habitantes de la región patagónica, sino que también, a fuego lento, fueron escaldando articulaciones y vínculos antes inexistentes.

Entre sus innumerables efectos, se puede reconocer el origen de un programa universitario, que se comprometió a dar cuenta de los cambios sociales y culturales provocados por éstos y otros sucesos de similar naturaleza. Así, el Programa de Percepción, Participación y Comunicación Pública del Centro de Estudios en Ciencia, Tecnología, Cultura y Desarrollo (CITECDE) de la Universidad Nacional de Río Negro, bajo la dirección de la Doctora Sandra Murriello, en el marco de una convocatoria del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación, se abocó en estos últimos años a la indagación y recopilación de información sobre diversas experiencias relacionadas con las erupciones volcánicas. Una de las miradas privilegiadas por el programa fue la de los artistas que -a través de su oficio y sus técnicas- dieron forma y color a lo vivido.

A partir de allí se lanzó en junio de este año la convocatoria a artistas plásticos y visuales para participar de la muestra “Patagonia, Tierra de Volcanes. Una mirada desde el arte” que se realizó entre el 16 de agosto y el 8 de octubre y que tuvo como jurados a las artistas Gabriela Aloras, Carola Dreidemie y Nadia Guthman. La muestra se realizó en primer lugar en Bariloche (Sala Chonek, Sala Frey y Sala Panozzi) luego en El Bolsón y Lago Puelo (Casa del Bicentenario, Universidad Nacional de Río Negro y Espacio Cultural Lago Puelo) para terminar en Villa La Angostura en el Centro de Convenciones Arrayanes.

Los sucesivos montajes, que incluyeron piezas de veintidós artistas, subrayaron y potenciaron la fuerza que cada una de las obras transmitía individualmente. Así Natalia Lukacs, Carlos Iriarte, Carolina Lockwood, Marcelo Minichelli, Ingrid Roddick, Iván Rivelli, Hernán Pirato Mazza, Marcos Radicella, Patricia Castaño, Lila Ursino, Chiwi Giambertone, Irene Zuzek, Pablo Bernasconi, Verónica Lucentini, Gastón Pereira, Silvia Arnaldo, Gaby Larrea, Bea Taverna, Blanca Valiñas, Gabriela Campillay, Eduardo Andaluz y Francisca Ruiz Obligado (in memoriam), con fecundidad de técnicas y materias, irrumpieron con determinación en este aquí y ahora de la Patagonia. Con sus propuestas evocaron, reflexionaron y transmutaron no sólo sus vivencias particulares, sino también muchas otras que los fenómenos volcánicos y las experiencias de habitar en geografías extremas, desencadenan con exceso y ferocidad incomparable.

Muchas de las obras de la muestra fueron directamente elaboradas con las cenizas y arena esparcidas durante explosiones volcánicas. Así las de los dos artistas invitados especialmente, Eduardo Andaluz -quien expuso su Serie Lavas, elaborada en las décadas del 80 y 90 en las Islas Canarias con lava volcánica, tierras cocidas, engobes y óxidos metálicos- y las de la ya fallecida Francisca Ruiz Obligado, con sus intervenciones, macrofotografías y obras con arenas volcánicas sobre chapadur que hoy son patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Chubut.

También el tríptico “Aproximación 3 al complejo volcánico Puyehue – Cordón Caulle” [Técnica: ceniza del volcán Puyehue 2011, arena de playa de erupciones anteriores, cerámica, objetos varios, 31 x 40 cm., 2015] de Ingrid Roddick o “Dos álamos y ninguna oveja” [Técnica: alambres de hierro, soldadura eléctrica, cemento y arena volcánica, 52 x 24 x 110 cm., 2017] de Carlos Iriarte, fueron elaboradas con las cenizas, para sólo nombrar algunas que fueron expuestas durante los meses de agosto, septiembre y octubre. En otras propuestas la inspiración vino por el lado de los motivos, mientras que Marcos Radicella y Natalia Lukacs jugaron con el humor en “Vamos a la Playa” [Técnica: impresiones fotográficas en lona vinílica, 54 x 37 cm., 20011] y en “Volcán Pop” [Técnica: óleo sobre tela, 80 x 60 cm., 2017] respectivamente, Bea Taverna con “El último sol” [Técnica mixta sobre tela, 70 x 70 cm., 2017] e Irene Zuzek con “Desolación” y “Gran Evento” [Técnica: acrílico sobre tela, 70 x 90 cm. cada uno, 2017] quisieron destacar la experiencia de lo inmenso y del orden de lo sublime que las implicó. Blanca Valiñas, por su parte, en “Postales de un día que fue noche” [Técnica y materiales: 2 bastidores colgados de la pared (1 de 1.20m x 0.90m y otro de 0,30m x 0,90m) Base de 42 x 27 x 87cm, 2017] invitó al público a que escribiera, en las postales que se encontraban en un exhibidor semejante a los de las oficinas de turismo, sus recuerdos del día de la erupción del volcán Puyehue. Estas breves descripciones son sólo un ejemplo de la riqueza y la variedad que caracterizó a la muestra. Muestra que nos recordó, una vez más, cómo el arte siempre acompaña y se relaciona con la vida: pensándola, transitándola y también evocándola.

Explosiones magmáticas de pinturas, fotografías, esculturas, mapas, collages, xilografías, objetos cerámicos, dibujos e instalaciones interactivas y sonoras; efusión de colores, texturas, tizas, óleos, acrílicos, glitter, cenizas: el arte en su plenitud representativa, asumió la vida y la historia, lo intempestivo del devenir y la sorpresa de lo jamás esperado. Rememorando lo acontecido y posibilitando la reparación y el sedimento de la experiencia. Distribuyendo, así y una vez más, ese antes y ese después donde se instaura la diferencia.

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