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Los caminos de la luz

Texto de Ángeles Smart
Fotos gentileza Goyo Barja

“Todavía tengo frente a mí la visión originaria que quería pintar hace 40 años, sigo buscando representar esa imagen”, reflexiona Goyo Barja, verdadero maestro de la pintura de la luz, heredero y cultor de dos caminos que, de acuerdo a sus propias palabras, lo constituyen: la tradición de la acuarela al natural y el arte japonés.

Innumerables serían los modos por los cuales podríamos adentrarnos al tema de la luz: su trascendencia en la metafísica platónica, cómo se erigió en nombre divino en el pseudo-Dionisio, la obsesión por atraparla en los constructores de las catedrales góticas, los manuscritos iluminados de las abadías y conventos, la maestría de los pintores románticos o las delicadas investigaciones impresionistas o del suprematismo ruso. Y esto sólo si nombramos algunas pocas de las muchas perspectivas que nos ofrece la historia de la cultura occidental. Si además tomamos en cuenta las culturas originarias americanas o el Oriente -tanto el cercano como el lejano-, el abanico se multiplicaría exponencialmente. Y si encima recordamos esas tonalidades tan difundidas y tan públicas, de jóvenes de hoy (Luz, luz, luz…) o de antes (Una luz cegadora…), tendríamos inspiración y variaciones para empezar, continuar y terminar.

Pero para introducir a Goyo Barja, un maestro de la pintura de la luz, lo mejor será seguir los senderos de las dos vertientes que según sus propias palabras lo constituyen: la tradición de la acuarela al natural y la del arte japonés. Ambas están presentes en su obra y si bien confluyen en el manejo del espacio y en el material, se alejan por sus intenciones bien diferenciadas. “Estas dos tradiciones son como dos fuerzas que atraviesan mi trabajo: en ambas se sintetizan mis intereses. La acuarela occidental es más descriptiva, más naturalista y busca representar el clima, la luz material y el color del paisaje. La japonesa no representa tanto el exterior sino una realidad interior con un lenguaje específico, que deriva de la caligrafía y que tiene sus componentes estilísticos determinados, influidos por el budismo, el taoismo, la meditación. La pintura no es tan importante como lo que te transforma a vos al pintarla, el camino espiritual que recorrés en el proceso artístico”, cuenta Barja en el Camping Musical en Llao-Llao, donde vino a dictar un workshop de «paisaje en acuarela» durante febrero.

Lo que de verdad cuenta en los

trabajos de Goyo es su mundo sutil,

misterioso y al mismo tiempo pacífico

(Juan Lascano)

Explica que llegó a esta confluencia en su búsqueda por encontrar una técnica que le permitiera transmitir aquello que conoció por primera vez en el año 1975 cuando vino a Bariloche como mochilero, aquello que lo enamoró y lo sigue convocando: la Patagonia y sus paisajes. Y si bien su obra recorre distintos motivos -marinas, playas, ambientes del campo con tropillas de caballos y vacadas- la estepa y la cordillera patagónicas destacan como escenarios solitarios y augustos.  Anfiteatro (acuarela, 76 x 56, 2012) nos sumerge de a poco y con cuidado en el esplendor de la zona; y como siguiendo el recorrer de la experiencia subjetiva del adentrarse por tierra a la cordillera, primero nos ofrece, cercanos y nítidos, los arbustos y árboles que sólo son rozados sutilmente por una leve capa de nieve para después presentar al río zigzagueante y al propio anfiteatro, que como regios intermediarios nos conducen solemnemente hacia la cordillera, ya sí totalmente nevada e imponente en el fondo. La  experiencia visual y la experiencia interior es una y la misma y el mirar el paisaje es más un estar presente en el paisaje que un estar frente a él. Paso del Córdova (acuarela, 56 x 76, 2014), Entrando en la estepa (acuarela, 30 x 56, 2010) y Reflejos del Limay (acuarela, 56 x 38, 2012) con la luminosidad de sus ocres, tostados y sepias  y la sutileza de sus celestes y blancos, revelan a la naturaleza en la austeridad y desnudez que tiene toda verdadera grandeza. Como si nos recordaran que es con sencillez y sin arrogancia con lo que se adornan los caminos bienaventurados y de verdadera dicha. Las inmensas distancias imponen con contundencia la ausencia de vida humana y la paz que otorgan el silencio y la amplitud se traduce en nosotros como sosiego y tranquilidad. Por otro lado las perspectivas y lagos cordilleranos, las petunias azules y los bosques – con distintas tonalidades de verdes puros y azules más intensos- equilibran hacia una emotividad menos dócil y más dispuesta a la acción y la aventura. Así, la mesura, la armonía y la estabilidad imperan en toda la obra de Goyo Barja, unas veces tensionando y otras veces relajando, pero siempre logrando esa quietud y pacificación final que tanto impacta en sus composiciones. Seguramente su asiduidad con la pintura Sumi-e, que sigue practicando desde que se inició con la maestra Kazu Takeda, derrama hacia sus acuarelas al natural permitiendo que ya la palabra paisaje involucre los horizontes íntimos de la vida anímica, con sus flujos y vaivenes constantes, haciendo que lo exterior e interior converjan en cada una de sus pinturas.

Sus muchas idas y venidas a Bariloche a dictar talleres, seminarios y workshops a lo largo de los años han afianzado vínculos y redes que están dejando una amplia estela por estas latitudes que se ve enriquecida por su vocación y labor pedagógica; en ellos ofrece momentos de investigación técnica, cuidado de los procesos personales y experimentación libre. Nos confiesa que además de sus intereses docentes su inquietud creativa aún busca responder a un viejo impulso: “Todavía tengo frente a mí la visión originaria que quería pintar hace 40 años, sigo buscando representar esa imagen”. Tal vez el deseo de regresar una y otra vez a ese momento primigenio se confunda con la experiencia que se le ofreció como imagen deslumbrante hace más de cuatro décadas cuando con su mochila llegó al Nahuel Huapi. Y tal vez sea ésa la razón por la que sigue siendo un peregrino que continúa viniendo de paso, siempre en auto para apreciar el paisaje, pero sin instalarse ni del todo ni por mucho tiempo.  Alguien que sólo y siempre se va para así poder volver. Para mirar como quien está recién llegado y ve ésta, nuestra resplandeciente luz patagónica, como si fuera la primera vez.

Goyo Barja

Nace en Tandil, provincia de Buenos Aires, Argentina. Cursa estudios en la Escuela de Bellas Artes de Belgrano donde toma contacto con el arte de Japón. Comienza sus estudios de Sumi-e con la maestra Kazu Takeda. Paralelamente investiga en el lenguaje de la acuarela. Desde 1990 dicta cursos y seminarios en numerosas instituciones de Argentina, Brasil y Uruguay.

Actualmente dirige el Grupo de Arte de la Fundación Takeda con el objetivo de difundir la pintura japonesa Sumi-e a través de cursos, exposiciones y charlas.

PREMIOS OBTENIDOS

1992: 1º Premio Salón de Dibujo y Pintura, Tres Arroyos, Buenos Aires.

1995: Mención de Honor 1º Salón de Pintura San Antonio de Areco, Buenos Aires.

2003: 2º Premio Japan Phoenix 2003, Buenos Aires.

2015: 2° Pemio Fundación Terry.

2016: 1° Premio Fundación Terry.

2018: Mención de Honor Salón Fundación Terry.

2019: Mención de Honor Salón Fundación Terry.

PRINCIPALES SALONES

1982-86: Exposición Taller Kazu Takeda, Centro Cultural Embajada de  Japón.

1985: Arte Japonés en Argentina, Museo de Telecomunicaciones, Buenos Aires.

1996: Salón de Acuarelistas, Tandil, provincia de Buenos Aires.

2004-05: International Art of Suiboku-Tokio-Kioto-Japón/ 5º Bienal de Acuarela, Viña del Mar, Chile.

2008: Schilders Week, Domburg, Holanda.

2004-10: Jardín Japonés, Buenos Aires.

2010: Arte Clásica, Buenos Aires.

2011: Expo Argentina-Japón, Rosario, provincia de Santa Fe.

2012: Eniarte, Buenos Aires.

PRINCIPALES MUESTRAS INDIVIDUALES

1982: Museo de Bellas Artes, Tandil, Buenos Aires.

1990: Villa Victoria, Mar del Plata, Buenos Aires/ Museo de Casa Yrurtia, Buenos Aires.

1991: Galería Martina Céspedes, Buenos Aires. Dirección de Cultura, Ushuaia, Tierra del Fuego.

1992: Betbeder Espacio de Arte, Tandil, Buenos Aires.

1995: Casa de la Cultura, General Roca, Río Negro.

1997: Centro Cultural Pueblo Blanco, Punta del Este, Uruguay.

1999: Galería Arroyo, Buenos Aires.

2000: Museo de Bellas Artes, Tandil, Buenos Aires.

2001: Galería Arroyo, Buenos Aires.

2003: Galería Arroyo, Buenos Aires.

2005: Museo de Bellas Artes, Tandil, Buenos Aires/Galería Arroyo, Buenos Aires.

2006: Club Hípico Argentino, Buenos Aires.

2007: Espacio de Arte Cabrales, Mar del Plata, Buenos Aires.

2008: Galería El Socorro, Buenos Aires.

2010: Museo de Bellas Artes, Tandil/ Galería El Socorro, Buenos Aires.

2012: Centro Cultural e Informativo de la Embajada de Japón/ Casa Municipal de la Cultura, Esteban Adrogué, Buenos Aires/ Galería El Socorro, Buenos Aires/ Biblioteca del Congreso de la Nación, Buenos Aires.

2013: Galería Artemio, Tandil, Buenos Aires.

2014: Galería El Socorro, Buenos Aires/ Salón Vitreaux, Salta.

2016: Galería El Socorro, Buenos Aires.

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