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El gigante patagónico, un recorrido histórico de cara al futuro :: Río Baker

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TEXTO Y FOTOS FRANCISCO BEDESCHI

El Baker y su cuenca, de acuerdo a la crónica del hombre blanco, fueron explorados por primera vez por el geógrafo alemán Hans Steffen en 1889. Desde entonces, el río y su zona de influencia jamás pasaron desapercibidos, entre otros detalles por su indiscutible belleza. El río Baker, un ícono de la Patagonia austral chilena que resiste los avatares de la “modernidad”.

El río Baker es el desagüe del enorme lago  binacional General Carrera- Buenos Aires, denominado así a partir del laudo arbitral  de 1902 entre Chile y Argentina. A la gran superficie que drena se la conoce como “la Cuenca del Baker” y es una zona extensa, diversa,  muy rica ambientalmente y con una notable importancia social. Fue el legendario geógrafo alemán Hans Steffen quien exploró el río por primera vez en 1898, contratado por el gobierno trasandino para develar algunos de los misterios de la Patagonia chilena. Los españoles, con el objetivo de proteger sus cargamentos de oro que “bajaban” desde el Perú, siempre intentaron fortalecer su presencia en la Patagonia occidental y en el Estrecho de Magallanes. Varias expediciones intentaron sentar bases allí durante el Siglo  XVI, pero fue con la llegada de los jesuitas que pudieron “anclar” dominios en la zona, principalmente en la Isla de Chiloé, donde se asentaron con varios fuertes. Desde allí partieron las expediciones rumbo a los mares del sur y a la cuenca del lago Nahuel Huapi, incluso, donde los jesuitas, cruzando la cordillera, llegaron mucho antes que nadie. Fue el perito Francisco P. Moreno, en enero de 1876, el primero en llegar al “gran lago” desde el Este.

El último foco de resistencia española en Chile fue la Isla de Chiloé, que cayó en manos de los patriotas recién en 1826. La incipiente república independiente de Chile se concentró en las tierras del centro y norte del país, abandonando por completo la Patagonia Austral  y la Cuenca del Baker hasta finales del Siglo XIX. Este período sólo se interrumpió con el paso de Beagle, al mando del capitán Robert Fitz Roy, quien venía de su intento de remontar el río Santa Cruz, acompañado, como no podía ser de otra manera,  por el joven Charles Darwin, cuyas famosas descripciones respecto a la hostilidad y el poco amigable entorno patagónico calaron hondo en algunos influyentes personajes de la época. Tal el caso de político Benjamín Vicuña Mackenna y, sobre todo, del educador Diego Barros Arana, quien luego sería perito chileno (y “competidor directo” de Moreno) en los diferendos limítrofes entre chilenos y argentinos que debía resolver, en calidad de árbitro, la corona británica.

De acuerdo a algunas interpretaciones históricas y académicas chilenas que no recuerdan con demasiada simpatía a Barros Arana, las afirmaciones de Darwin respecto al desolado y angustiante paisaje patagónico influyeron negativamente en sus representantes al momento de defender los derechos chilenos sobre la Patagonia, derechos que estaban muy bien fundamentados ya que Chile contaba con ciudades y poblados como Valdivia, Chiloé o la mismísima Punta Arenas muchos años antes que Moreno llegara al Nahuel Huapi “desde el Atlántico” y se adentrara en los confines de la Cordillera de los Andes.

Para reseñar la historia del Baker, el segundo río más caudaloso de Chile y uno de los más impactantes de toda Sudamérica, es indispensable remontarnos a la expedición de Steffen a fines del siglo XIX. Luego de que el explorador alemán lo “descubriera”,  recorriera sus lagos tributarios y se introdujera en la cordillera hasta llegar al lago Cochrane (lago Pueyrredón del lado argentino) y el conflicto limítrofe con Argentina hubiese terminado (en 1902), Chile dispuso la ocupación de la Cuenca del Baker. En 1903 permitió su primera concesión que, una vez más, terminó en manos del terrateniente Mauricio Braun, radicado en Punta Arenas, ya en esa época dueño de un más que importante “imperio” comercial en la Patagonia. Braun contaba con el informe elaborado por Steffen respecto a estas tierras, a las que calificaba elogiosamente para la explotación ganadera. Así se introdujeron los primeros 2000 vacunos. Con ellos arrobaron los primeros trabajadores chilotes  (unos 200) para comenzar con los trabajos. Pero la trágica  y misteriosa muerte de casi cien personas en una isla de Caleta Tortel y otros nefastos sucesos generaron la quiebra de la compañía, que cerró en 1911.

Esos primeros años del Siglo XX se produjo la “réplica” de la historia de  Pedro Sarmiento de Gamboa y la ciudad Rey Felipe, cuando encontraran la muerte más de 2500 personas en el intento de poblar el Estrecho de Magallanes en el Siglo XVII.  Lo que se sabe de este proyecto de fundación de una estancia de la Compañía Explotadora del Baker, que fundara Braun, es que proveniente de la Isla de Chiloé llegaron unas 200 personas a bordo del vapor Dalcahue, propiedad de la empresa Menéndez Behety, emparentada con  Braun. La tentativa de fundar y explotar una estancia que se conectara por el Valle del Baker con la frontera argentina (y que le permitiría a las poderosas familias laneras Braun y Menéndez  exportar lana  de las pampas argentinas por el Océano Pacífico), se vio interrumpida por los funestos sucesos aún hoy sin inexplicados que produjeron la muerte de casi un centenar de personas. Se cree que la mala alimentación, producto de una dieta basada en “podridas salazones de bacalao”, sumada al fio intenso, la lluvia constante y la desolación de la zona fueron las causas de tan infausto destino.

En 1916 Mauricio Braun volvió a intentar poner un pie en la cuenca del Baker, que a estas alturas se encontraba poblada y con no pocos conflictos entre los primeros colonos, que se resistían a la intervención de una empresa que los fagocitaría y les quitaría independencia.

Tanto es así que Charles Wood, el primer administrador impuesto por Braun, fue asesinado por pobladores en rebeldía. En ese escenario complicado apareció Lucas Bridges, quien ya había visitado la zona años antes y se había convencido de su potencial y belleza. Bridges había nacido en Ushuaia, Argentina, en 1874, y era hijo del misionero anglicano inglés Thomas Bridges. Lucas se convirtió en un gran explorador y un amante de la Cuenca del Baker: en tanto dueño de una compañía y asociado a Mauricio Braun, decidió radicarse en el Baker. En 1922 lo explora detalladamente con el objetivo de aprovechar al máximo los años de concesión que establecía el contrato.

En 1928 el Estado chileno decidió prorrogar la concesión a Bridges por 20 años, pero redujo la superficie de explotación, que de 500 mil hectáreas pasó a 230 mil. La idea era abrir caminos y escuelas en la Región de Aysén. El Baker, por consiguiente, dejó de pertenecer administrativamente a la Región de Magallanes. Y Bridges comenzó a perder la influencia que implicaba ser socio de los poderosos Braun y Menéndez.

En 1941 la compañía se dedicaba a explotar los campos del fértil valle del Chacabuco, ya más cerca de la frontera argentina. La empresa creció y generó muy buenos dividendos. Las desgraciadas quemas intencionales, que generaron un tremendo desastre ecológico en toda la Patagonia chilena, hicieron que por estos años la parte baja del río se despoblara, concentrándose la producción en los valles  más secos próximos a la Argentina.

Lucas Bridges murió en Buenos Aires en 1949. La empresa quedó  entonces en manos de Mauricio Braun y Francisco Campos, quienes administraron y manejaron la estancia hasta la reforma agraria de 1964 (el proceso de reforma agraria finalmente  fracasaría). En 1980 la estancia “Val Chac” fue a parar a manos de un ciudadano chileno que, en el año 2000, se la vendió a Christine Mc Dewitt, mujer del filántropo estadounidense Douglas Tomkins. Ambos decidieron convertir a la histórica estancia, recostada sobre el rio Baker y surcada desde el límite con Argentina por el tributario río Chacabuco, en una reserva ecológica. Recién en 2003, luego de que el Estado chileno construyera la Carretera Austral (que une Chaitén con Villa O` Higgins), se terminó el camino que llega a Caleta Tortel, en la desembocadura del río. En la actualidad se puedo realizar el recorrido completo, por una carretera angosta y de ripio, desde la naciente en el lago Bertrand  hasta la desembocadura. Las fechas aportan una idea de lo aislada que estuvo la zona durante mucho tiempo.

El Baker, más allá de su extraordinaria historia y de su imponente caudal, es un sitio que se ha transformado en la “meca” para los pescadores de mosca de todo el mundo, que temporada tras temporada logran en su primer tramo (desde la naciente hasta la confluencia con el río Nef) piezas increíbles. El Baker, además, reúne todos los años a cayakistas de primer nivel, quienes enfrentan el curso y las bellísimas “impetuosidades” del río.

La necesidad de energía que tiene el Estado chileno en los últimos  años, amenaza una vez más al rio con las colosales represas hidroeléctricas que se pretenden construir allí, que inundarían sus valles y arruinarían indefectiblemente el paisaje con aparatosas torres de transmisión de cables de alta tensión. Tal como lo esperamos para el histórico río Santa Cruz, deseamos que esto no suceda. Y nos solidarizamos con aquellos que se han afincado en la zona como Tomkins y su mujer o el empresario Carlos Noriega (propietario del prestigioso Patagonia Baker Lodge) para que continúen dando pelea y el río Baker,  ícono de la Patagonia austral chilena, logre resistir intacto. Lo más intacto posible.

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