Islas Galápagos: el último edén

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El archipiélago ecuatoriano contiene el mayor número de especies de flora y fauna endémicas del planeta. Es también uno de los lugares con mayor actividad volcánica. Sus playas de arena blanca, aguas cálidas y extraordinaria biodiversidad, invitan a vivir una aventura fuera de serie.

Texto: Revista AIRE
PH: Gentileza Ecuador.travel


Si el paraíso existe, seguramente se parece a las Galápagos, también conocidas como las “islas encantadas” o el archipiélago de Colón. Éstas conforman una provincia de Ecuador, localizada a 972 kilómetros al oeste, sobre el Océano Pacífico. En 1978 fueron declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, por su gran biodiversidad y endemismo.

En total son trece islas volcánicas grandes, seis más pequeñas y ciento siete islotes. Las principales son: Isabela, San Cristóbal, Santa Cruz, Floreana, Baltra, Santiago, Fernandina, Marchena, Española, Pinta, Santa Fe, Pinzón y Genovesa. De todas ellas tan sólo cinco están habitadas y cuentan con infraestructura y servicios para visitantes. Aparte del turismo, la ganadería, la agricultura y la pesca son las actividades claves de su economía.

Lobos marinos en las playas de Galápagos (foto Ecuador.travel)

En las islas hay dos áreas protegidas: el Parque Nacional Galápagos, que abarca el 97% de la superficie terrestre del archipiélago y la Reserva Marina Galápagos, que protege los ambientes costeros. Allí confluyen tres grandes corrientes oceánicas: Humboldt, Panamá y Cromwell, las que han contribuido a aislar este territorio y permitirles evolucionar al margen del resto del mundo durante millones de años. El aislamiento geográfico ha dado lugar a un alto grado de biodiversidad y endemismo, con especies que sólo pueden encontrarse en ese rincón del planeta. Se han reportado más de cuarenta y cinco especies de aves, cuarenta y dos de reptiles, quince de mamíferos y ochenta de peces, que conviven armoniosamente con la población local. También existe una rica variedad de flora endémica, alcanzando quinientas especies entre plantas vasculares, briófitas y algas.

Iguanas marinas de Galápagos (foto Ecuador.travel)

Sin duda, la especie más representativa de Galápagos es la tortuga gigante que da su nombre al archipiélago y que puede pesar hasta cuatrocientos kilos y medir más de dos metros. Se cree que habita en las islas desde hace aproximadamente 4 millones de años. Es el ser vivo más longevo del planeta -exceptuando a los árboles-, ya que puede vivir hasta 150 años. Estas tortugas gigantes pueden apreciarse especialmente en las islas Santa Cruz, Isabela, Española, Pinzón, Santiago y San Cristóbal.

La tortuga gigante de Galápagos (foto Ecuador.travel)

Pero si algo le da a las Galápagos su fama es el nombre de Charles Darwin, quien en octubre de 1825 llegó a las islas como participante de un viaje científico en el bergantín ‘HMS Beagle’. El naturalista británico observó especies silvestres altamente especializadas en cada isla que no se habían visto jamás. Particularmente, le llamó la atención que, de una isla a la otra, los pinzones -un ave pequeña- tenían picos distintos. Aquellas diferencias le hicieron pensar que las especies no eran estables, sino que cambiaban sus características físicas para adaptarse a las presiones del ambiente. El resultado de esta travesía fue ‘El origen de las especies’ publicado en 1859, donde postula las teorías de selección natural y de evolución de las especies.

Hacer y descubrir

Galápagos posee una reserva marina de 138 mil kilómetros cuadrados de extensión, una de las más grandes del planeta. Es uno de los sitios de buceo más famosos por hospedar una impresionante biodiversidad. Las islas de Darwin y Wolf, al norte del archipiélago, albergan la mayor biomasa de tiburones en el mundo. Para quienes no se animen a bucear está la posibilidad de hacer snorkeling en la superficie de aguas cristalinas para poder admirar tiburones tintoreras, mantarrayas, lobos marinos y peces de todos las formas y colores. Los mejores lugares para esta actividad son: Cerro Tijeretas, León Dormido, Lobería, Isla Lobos y Bahía Rosa Blanca en la isla San Cristóbal y Las Grietas y Tortuga Bay en la isla Santa Cruz.

Snorkeling en las playas (foto Ecuador.travel)

En el archipiélago hay múltiples senderos naturales para caminar y descubrir playas, túneles, miradores, volcanes y grietas, donde se contempla toda su biodiversidad. Una de las más recomendadas es la caminata al Volcán Sierra Negra en isla Isabela, considerado el más antiguo de este lugar y que posee una de las calderas más grandes del mundo. En este sitio se pueden observar todo tipo de formaciones volcánicas y geológicas. 

Otra forma de conocer Galápagos y, quizás, la mejor, es navegar de una isla a la otra. Está la posibilidad de contratar tours diarios con una duración estimada de 6 a 7 horas para hacer snorkel, pescar, visitar playas y admirar su fascinante flora y fauna. En cada recorrido un guía especializado del Parque Nacional acompaña a los visitantes, para aprender de toda la riqueza del lugar. Otra alternativa, aunque más costosa, es hacer un crucero. Los prestadores autorizados cuentan con itinerarios que van desde tres hasta catorce noches a bordo, con actividades de buceo y en tierra en rincones paradisíacos.

Cruceros por las islas Galápagos (Foto de Deb Dowd)

Cuatro islas para soñar despierto

La isla Santa Cruz es considerada un gran volcán durmiente cuya última erupción se estima que sucedió hace más de 1 millón y medio de años. Está ubicada en el centro del Archipiélago, es la más poblada y la segunda más grande, después de Isabela. Existen dos enormes cavidades conocidas como “Los Gemelos” que constituyen un gran atractivo natural. Allí, se puede recorrer la playa de arena blanca Tortuga Bay, además de cráteres y túneles de lava. En este lugar se encuentra la Estación Científica Charles Darwin y las oficinas centrales del Parque Nacional. Además, por su cercanía a la Isla Baltra –donde se encuentra uno de los dos aeropuertos para llegar a Galápagos- es un punto de fácil conectividad.

La isla San Cristóbal está ubicada en la zona oriental del Archipiélago de Galápagos. El 85% de su territorio es un área protegida, donde habitan especies como tortugas gigantes, fragatas, piqueros patas azules, iguanas, lobos marinos y aves tropicales. En esta isla se encuentra la laguna de El Junco, la única de agua dulce del lugar. Además, en sus tierras están las ruinas de lo que fue la Hacienda El Progreso, un ingenio azucarero que durante 25 años fue el motor económico de la isla.

Isabela es la isla más joven y extensa de Galápagos. Hay cinco volcanes activos, seis grandes cráteres y miles de conos diseminados, por lo que es conocida como “la isla de los volcanes”. En Isabela habita el 60% de la flora y fauna de todo Galápagos. Tortugas gigantes, lobos marinos, flamencos, pingüinos, pelícanos, iguanas marinas y tiburones son los anfitriones del lugar.

Pináculo de roca en la Isla Bartolomé (foto de Nathalie Marquis)

Floreana es la sexta más grande del archipiélago. Es conocida por sus historias de colonos, bucaneros y balleneros. En la bahía de Correos, desde el siglo XVII, los balleneros y piratas que cruzaban las aguas del Pacífico usaban un barril a manera de oficina de correos para que las cartas pudieran ser recogidas y entregadas a sus destinatarios, principalmente en Europa y los Estados Unidos, por los barcos que estuvieran en su viaje de retorno.

Patrimonio culinario

Para quienes quieran probar los auténticos sabores galapagueños, las sugerencias son la langosta, el café orgánico y la canchalagua. La langosta se distingue por su sabor, calidad y suavidad de su carne. Su pesca es estacional y sólo pueden capturarla pescadores artesanales que cuentan con una licencia para esta actividad. Se prepara con salsa de mariscos, a la parrilla, en sopa o en ceviche. Quienes disfruten de los frutos de mar, también sabrán apreciar la canchalagua, un molusco que habita en las rocas y que es capturado por los pescadores en luna llena. Se sirve mayormente en ceviche y al ajillo. Por su parte, el café de Galápagos se cultiva en armonía con la naturaleza a 400 metros sobre el nivel del mar en un suelo volcánico que, sumado a las condiciones geográficas de las islas, brinda un grano de excelente calidad que cuenta con denominación de origen.

Cómo llegar: 

Desde Ezeiza: las compañías aéreas Avianca, Copa Airlines y LATAM vuelan a Quito y a Guayaquil. El valor del pasaje (ida y vuelta) se inicia en 1200 dólares por persona y la duración del vuelo (con 1 escala) es de 11 horas, aproximadamente. 

Desde Ecuador: las compañías aéreas Avianca, LATAM y TAME vuelan desde Quito y Guayaquil hacia los aeropuertos de Baltra y San Cristóbal, en las Islas Galápagos. En Quito o Guayaquil es necesario adquirir la Tarjeta de Control de Tránsito (TCT) en la oficina del Consejo de Gobierno de Galápagos, que tiene un costo de 20 dólares. Este documento es necesario para el control migratorio de ingreso y permanencia de visitantes, que puede ser hasta 60 días.

Al llegar a las Islas Galápagos, los turistas extranjeros del Mercosur deberán abonar 50 dólares por persona, en concepto de tributo para el ingreso al Parque Nacional Galápagos. La tarifa para menores de 12 años es del 50%.

Requisitos de ingreso:

Todo viajero mayor de 3 años que ingrese a las islas Galápagos por vía aérea, deberá presentar de manera obligatoria:

-Certificado de vacunación con código QR o carné de vacunación contra la COVID-19 válido con al menos 14 días de vigencia después de completar el esquema.

-Quienes no cuenten con el esquema completo podrán presentar el resultado negativo de una prueba cualitativa RT-PCR en tiempo real realizada hasta 72 horas previo al embarque al Ecuador o a las islas Galápagos.

-El único tipo de prueba autorizada para el ingreso al país es la PCR.

Dónde alojarse:

Lo recomendable es elegir entre los alojamientos habilitados por el Ministerio de Turismo de Ecuador: ver listado aquí

Fuentes: Ecuador.travel / NatGeo Travel / El País / BBC news / UNESCO

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