Chubut y el cultivo extremo de la vid

#Enoturismo

TXT y PH: Sommelier Patricia C. Páez
@sommelierdeviajesymaridajes

En esta nota, la sommelier Patricia C. Páez relata su recorrido por Chubut para descubrir los vinos australes y dejarse deleitar con los pequeños grandes placeres de la vida.

Chubut es todo un mundo de vinos australes por descubrir. Con sus nobles variedades -Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling, Gewürztraminer, Pinot Noir y Merlot-, las óptimas condiciones del suelo, el clima frío y sus potentes vientos, las heladas y la gran exposición solar durante el verano imprimen a los vinos características diferenciales, que le permiten a la región gozar de un merecido reconocimiento por su calidad y prestigio a nivel Internacional.  Con agrado para los viajeros enófilos, a la actividad vitivinícola se agrega el enoturismo, con el claro objetivo de profundizar el acercamiento a la belleza del paisaje con su riqueza en vinos y gastronomía. Seguimos el dictado del corazón, una vez más, y fue simple echarse a andar hacia el legendario oeste patagónico, por su encanto, por su lejanía y, en palabras de Jack Kerouac “porque al final no recordarás el tiempo que permaneciste en la oficina o arreglando tu casa. Ve y escala esa maldita montaña”.

Así fue, en el Valle de Trevelin los fuegos ardían a nuestra llegada para anunciar exquisiteces patagónicas elaboradas por Walter Álvarez, cocinero lugareño dedicado al dominio de las brasas. Era la medianoche en la cálida cabaña y nos dejamos guiar por sus saberes culinarios ancestrales. La mesa engalanada, mientras el paladar aguardaba los sabores, presentó un menú cordillerano muy bien ilustrado. Tibia sopa de rosa mosqueta, hummus de piñones de araucaria y merken, berenjenas a las brasas con crema de limón, hojas de la huerta en vinagreta de moras y frambuesas con jamón de cordero y huevos araucanos, en armonía con los bienvenidos Pinot Noir Viñas del Nant y Fall. Entre platos y copas transcurría la historia de Sergio Rodríguez y Emanuel cuando llegaron al valle. Padre e hijo inauguraron el establecimiento agro turístico Viñas del Nant y Fall con un viñedo austral en una región privilegiada de bosques andinos, lagos, ríos y montañas. Brinda confortable alojamiento de chacra, un almacén de productos de campo, camping boutique y Motor Home Eco Parking. Además, tiene horno de barro y parrilla y hace de la estadía una vivencia de entorno con la naturaleza, única.  Por la noche, tiene por costumbre reunir a los viajeros de aventuras en Sangre Tinta, quienes gustan de la atractiva carta patagónica en amplias mesas de ciprés para propiciar el amigable encuentro junto a la magia del hogar a leña. Tuvimos un mediodía especial de empanada de carne al horno de barro y sabrosos ravioles de cordero, hongos embebidos de oliva y hebras de parmesano con un final de deliciosa tarta de crema galesa para coulis de frambuesas. Un menú austral pensado por Maura Bianchi. Más tarde, fue indispensable el Paseo por la Vid que permitió el día disfrutar antes de la cata guiada de copas de los curiosos varietales de Pinot Noir concebidos aquí. El Rosé de Pinot Noir con sus deslumbrantes destellos color coral ingresaba su amable frescura y frutosidad en boca creando un postgusto con personalidad. Mientras, el joven Pinot Noir bien atractivo a la vista, en nariz expresaba agradables matices frutales y fresco se propagó en boca fácil de beber.

Cerca los viñedos de Chardonnay, Sauvignon Blanc, Semillón y Cabernet Franc de la joven bodega Casa Yagüe se ubican a poca distancia del río Futaleufú. En el tasting room realizan degustaciones de sus vinos en un entorno de naturaleza muy bello. Más allá de este mundo vitivinícola, reconocido con Indicación Geográfica, se encuentran el campo de yulipanes, el Molino Nant Fach, el río Nant y Fall y sus cascadas, muy cerca del encanto de Trevelin -pueblo del molino-, cuyo Museo Regional Molino Andes ofrece la interesante historia de la Inmigración Galesa y su integración con los Pueblos Originarios.

Atrás quedó el paisaje de cordillera y nos dirigimos hacia la aridez de la meseta patagónica con su poderosa fisonomía de rocas talladas en el camino que agitaban la imaginación. En la localidad de Gualjaina, Familia Miretti incursiona en la producción de vinos con su Cielos de Gualjaina Chardonnay aromático, de grandes matices expresivos en nariz con un paso de boca intenso para un final tropical y perdurable. Es un vino sin filtrar de producción agroecológica y con 6 meses de crianza en roble francés, que generoso dio a conocer sus buenos acuerdos con las tostas de pan casero, queso de cabra y prosciutto regional, además de los coloridos ñoquis de remolacha en crema de echalotte. Dejamos que la bondad de la luz del día nos mostrara las vides de Chardonnay, Gewürztraminer y Merlot, porque recorrerlas implicaba apreciar su nobleza, y ellas dieron el marco del almuerzo unido a la frescura de crema helada coronada de frambuesas al vino tinto.  Pensar que a pocas horas de la ciudad de Buenos Aires uno puede deleitarse con un excepcional almuerzo maridado en la meseta chubutense.

La pintoresca Hostería Mirador Huancache, a 65 km de la mítica RN40, cerca de Piedra Parada y Cañadón de la Buitrera, alberga al aventurero que viaja por vivencias de gran conexión con la naturaleza. Es atraído por el senderismo, los paseos en 4×4, las excursiones de pesca, el kayakismo, muy bien guiadas por Daniel Fermani. El lugar cuenta con amplias y equipadas habitaciones y cabañas, un gran parque arbolado lleno de flores con quincho y parrilla junto a pileta climatizada y hermoso viñedo. Esa tarde nos dejamos imbuir por el sol, respiramos la pureza del aire y nos liberamos tal como indicaba nuestra bitácora de viaje. Caída la noche, tras la intensa jornada fue mirar el hechizo del fuego en el fogón y sentir los aromas del codiciado cordero patagónico, de sabor inconfundible que acompañó una copa tinta de Pinot Noir. El viaje debía continuar pero antes, Laura, amable anfitriona de la Hostería, nos despidió con rico desayuno de estepa: café, budín casero, alfajores de dulce de leche.

En la Estancia Los Robles en Paso del Sapo un aire místico envolvía la casa de adobe y piedra junto al molino, el aljibe y una cava subterránea. Los verdes viñedos se enlazaban con el cordón de cerros bellamente iluminados por el sol del ocaso. Y los hermanos Juan y Leonardo Giacomino con entusiasmo convidaron sus elaboraciones de Chardonnay y Pinot Noir en la amena charla de vinos. Podría haber sido el principio de un film de los hermanos Taviani pero no, fue el inicio del evento sensorial que dejaba entrever esa tipicidad nativa de suelo aluvional, franco arcilloso, rico en sílice expresada en sutiles notas minerales y a sotobosque de los sorprendentes blanco y tinto de estepa, sin paso por madera Rincón de los Leones. El tiempo se detenía aquí, entre bocados de olivas, queso y embutido de campo, y los relucientes reflejos de oro y obispo de los vinos combinaron con los trazos de la mesa de ignimbrita* piel de tigre. Entonces, asomaron los apreciados aromas de boca y el sentido de la vida transcurría sin más.

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente”. Henry Thoreau.

La actividad vitivinícola comenzó en la provincia del Chubut con Bernardo Weinert cultivando las primeras vides en El Hoyo de Epuyen por ser un valle propicio de características similares a Oregón en Estados Unidos y cuya latitud se corresponde a la Borgoña en Francia. La hazaña Patagonian Wines inició en el año 2000 irrumpiendo en el nuevo escenario vinícola argentino con novedosos perfiles de Vinos Australes -Chardonnay, Riesling, Gewürztraminer, Merlot y Pinot Noir- orientados a revelar el nuevo terroir. Rumbo hacia la Comarca Andina nos dimos la tarea de visitar a la pionera PW por la mañana. El deslumbrante sol paseaba por los viñedos para nuestro deleite, cuando ingresamos a la bodega austral con la Directora General Elsa Guevara en busca de los preciados vinos chubutenses. Con la primera copa de espumante Más Allá el assamblage de uvas Chardonnay y Pinot Noir, elaborado con método Tradicional con 24 meses sobre lías, daba un bouquet elegante de frutos secos, almibaradas notas y lucía finas burbujas. El vivaz Rosé de Merlot desprendía recuerdos a frambuesas y el magnetismo de su intenso color. Y para terminar, el encuentro con el blend tinto de Merlot y Pinot Noir Piedra Parada destacó por un llamativo color granate, delicados aromas a fruta fina y recuerdos especiados.

El clima templado frío de cordillera, los suelos orgánicos con abundantes precipitaciones, la buena amplitud térmica crean las condiciones necesarias de la producción vinícola de Mammarelli Wines, bodega con sello italiano. Bastó con imaginarlo para hacer realidad la experiencia de maridaje de vinos y tabla de quesos, cherrys, prosciutto crudo, olivas y nueces, dirigida con énfasis por su enólogo Darío González Maldonado. Apreciamos los Gurrumines de la Comarca con espumante de Torrontés de pronunciados aromas de uva y buena acidez, y en la frescura del Chardonnay asomaba una nariz cítrica y tropical de gran permanencia en boca que inmediatamente dio paso al inquietante tinto Pinot Noir de 6 meses en roble francés de profundo color rubí y aroma típico a cerezas, para despedirnos con el vivo espumante de manzana elaborado bajo el método Champenoise, de aromas silvestres y final muy agradable. MW además, ofrece al buen gourmand una creativa carta de la Comarca en su Restaurante Omertá que reúne con sus vinos.

La bodega de alta montaña Ayestaran Allard se recuesta en el faldeo del cerro Currumahuida a 250 msnm. El bosque de bellos cipreses, coihues y radales rodea las viñas que buscan refugio del intenso clima extremo en invierno para descansar de los fríos en verano. Siempre por marco las vides, el panel de filigrana en la sala de degustación dejaba entrever las copas dispuestas sobre la barrica, velando por el secreto de los vinos que ejerce esa vital correspondencia de ser uno con el universo. Su director comercial Darío González Maldonado nos introdujo en la apreciación sensorial de la línea Expreso Patagónico con el inédito blend de Corniola Bianca y Sauvignon Blanc de luminoso amarillo con tonos limón, notas a melón, durazno y ananá, fresco, perfumado y su final de boca de grata persistencia. El Chardonnay se presentaba abundante en sensaciones a frutas blancas, sabroso y a la vez sutil.  Con el vino naranjo de Chardonnay fermentado en barrica de roble francés de peculiar sabor frutal llegamos al joven Oriundo Merlot de zona fría con una gama de aromas a frutos rojos, notas balsámicas, acidez refrescante y amables taninos. Luego, la persistencia agradable en boca con matices a chocolate y tabaco del Oriundo Merlot con 6 meses de barrica, trajo calidez y carácter. Y finalmente, el destacado vino Colección Privada, se presentó profundo y de envolvente personalidad para el recuerdo.

De este modo, las viñas y las elevaciones de cordillera completaron esta panorámica del Camino del Vino en Chubut.

*La ignimbrita es una roca ígnea y depósito volcánico que consiste en toba dura compuesta de fragmentos de roca y fenocristales en una matriz de fragmentos vítreos.

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