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Los vinos del Mosela

Texto Anabella Alcuaz (WSET Diploma)
Fotos gentileza

Los directores de la Revista AIRE, una tarde cualquiera, me hicieron una propuesta ineludible: «¿Y si escribís sobre algunos vinos del mundo que por alguna razón te hayan impactado?». Y sí, me encantó, salvo que hablaremos de vinos que no están en nuestro mercado. Ojalá que las recomendaciones resulten útiles.

En nuestras charlas para definir los contenidos de las notas, surgió una propuesta de los directores de Revista AIRE: «¿Y si escribís sobre algunos vinos del mundo que por alguna razón te hayan impactado?». Sí, me encantó, salvo que voy a hablar de vinos que no están en nuestro mercado y que los lectores solo van a poder probar si viajan. Ojalá que las recomendaciones resulten útiles.

Mientras tanto, seguí meditando respecto a qué vinos elegir. Para muchas etiquetas sería una verdadera injusticia no ser mencionadas. Valoro cada región visitada. Entonces un gran vino se transforma para mí en una lente para ver más allá. Así surge un gran respeto por la gente que los hace, con sus historias, con sus riesgos. Aparecen luces y sombras. Y sigo aprendiendo.

Mosela. Serpenteamos por la ruta del vino del Mosela, el afluente más largo del gran Río Rin en Alemania, a unos 200 kilómetros en auto desde Frankfurt. Un valle encantado, mágico, en el que las laderas escarpadas están dibujadas con perfectas hileras de vides que miran al río. Necesitan de esa cuota extra de luz y calor que les aportan sus aguas para madurar la fruta en climas tan fríos. Resisten para destacarse entre los mejores. La noble variedad de uva blanca Riesling es reina y señora.

El camino suma pequeñas ciudades de aspecto medieval, castillos, calles adoquinadas, con ruinas romanas (muchas son desde 1986 Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO). Cochem, Bernkastel-Kues, Piesport, hasta llegar a Trier, en el estado del Palatinado Renano. Muy cerquita de Trier, en el pueblo de Eitelsbach, sobre el río Ruwer, es  la cita en la legendaria Bodega Karthaeusenhof, fundada por los monjes cartujos en 1335 y en manos de la familia Tyrell por 6 generaciones.

Al llegar a la bodega, nos esperaba una cata de lujo. Entre los vinos que probamos estaba el Spatlese Mosel, premiado como mejor Riesling 2012 seco de Alemania. De color amarillo, brillante, aromático, floral, con notas que recuerdan a cítricos, pera, anís, frutas rojas, ananá. Despliega su peso en boca, aparecen notas minerales y una refrescante acidez que completa un largo y memorable final. Casi al final del encuentro supe porque Mr. Christophe Tyrell, su propietario, nos recibió personalmente. Por su conexión afectiva con nuestra estepa, recordó sus aventuras de juventud en la lejana y salvaje Patagonia.

Nos llevó a su antiguo escritorio, atiborrado de papeles. La historia de siglos de existencia se venía encima, como haciendo un esfuerzo adicional para no caer en el olvido. Buscó en varios cajones hasta que encontró la foto. Allí se veía un joven Christophe con un ejemplar de ciervo y, para nuestra sorpresa, el querido Hugo Brockerhof, encargado de la Estancia San Jorge, completaba la imagen. El príncipe alemán George von Waldburg Zeil, propietario de una estancia en Villa Meliquina, lo había invitado a visitar su coto de caza.

Hace un par de años me contrataron para ofrecer una cata de vinos en inglés para un grupo de ejecutivos extranjeros. Al terminar la degustación un señor alemán, Dieter Heuskel, se me acerca para contarme que tenía una bodega, Le Pianelle, en el Piamonte, al norte de Italia. No creo en las casualidades. Le comenté que la semana siguiente viajaba a Düsseldorf. Con cara de asombro me dice que él residía allí y que nos invitaba, a mi marido y a mí, a participar de una cata privada de sus vinos y de otros vinos italianos de su colección. La cata se realizaría justo durante nuestra estadía en la ciudad.

Sí creo en la suerte. A la semana siguiente nos encontrábamos en un coqueto restaurante alemán, con un selecto grupo de invitados, catando vinos de colección, con el enólogo de Le Pianelle, Cristiano Garella. Le Pianelle Bramaterra DOC es uno de los vinos tintos de los más premiados de la región. Es 80% Nebbiolo, complejo en nariz, con aromas que recuerdan hoja de tabaco, especias, cáscara de naranja, frutos rojos. En boca es estructurado, con la acidez típica de la zona del Piamonte. A diferencia de sus primos más famosos, el Barolo y el Barbaresco, que se elaboran a unos 100 kilómetros al sur, y son 100% a base de Nebbiolo, este tinto se deja beber joven y a la vez se puede estibar unos cuantos años. La combinación de varietales típica de la Denominación de Origen Controlada Bramaterra, completa la Nebbiolo con un 10% de dos variedades tintas locales, la Vespolina, que aporta una intensidad de color medio y notas herbales. La Croatina es de color intenso, aporta tanino y notas de hoja de té y frutos rojos. El vino se añeja durante 20 meses en barricas y toneles de roble.

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