PROTEGER LOS PASTIZALES :: Patagonia productiva

La conservación de la biodiversidad del planeta ya no constituye una actividad periférica en el marco de las políticas públicas y las acciones de los actores privados. Los pastizales no están exentos de este tipo de consideraciones. Menos aún en la Argentina, que cuenta con el 16 por ciento de la superficie mundial de estos pastizales, lo que representa alrededor de unas 160 millones de hectáreas. Nuestro país cobija, además, al 95 por ciento de los pastizales calificados como “templados” de América del Sur.

A veces resulta difícil aceptar la idea, pero lo cierto es que entre las consecuencias no previstas de la modernidad, los problemas ecológicos y ambientales se han transformado en un tema de gran prioridad, hasta el punto que, incluso, los gobiernos lo han tomado como “cuestión de Estado” en distintas latitudes y geografías del planeta, más allá de las mayores o menores pericias de las autoridades correspondientes en la materia.

El objetivo de plantear cuidadosamente el problema y de amparar, cuidar y proteger y utilizar de un modo sostenible a la biodiversidad que nos rodea es, tal vez, una de las consecuencias inesperadas de la modernidad si se la considera principalmente como un proceso básicamente industrial y económico. En este marco existen distintos grupos gubernamentales y no gubernamentales que tienen como objetivo llevar adelante programas de conservación, no sólo para concientizar a propios y extraños respecto a la existencia de este tipo de dificultades, sino también para elaborar y desarrollar acciones concretas, cuyos objetivos implican preservar a las distintas comunidades naturales que representan la diversidad de formas de vida en la Tierra.

En este contexto, los pastizales desparramados a lo largo y a lo ancho de la Argentina, que constituyen uno de los hábitat menos protegidos del mundo y que aquí alcanzan, en la variante “pastizal templado”, una superficie de alrededor de 160 millones de hectáreas, distribuidos en cuatro ecorregiones bien delimitadas (Pampa Húmeda, Espinal, Estepa Patagónica y Monte Bajo), constituyen el espacio a proteger. El dato es que el 16 por ciento de los pastizales templados del mundo se encuentran en nuestro país, que además cobija al 95 por ciento de los pastizales calificados como “templados” de América del Sur. Y todos, en general, cuentan con un nivel muy bajo de protección, más allá de que Argentina posee uno de los primeros sistemas de áreas protegidas de América Latina. Pese al detalle, y de acuerdo a estudios que lo certifican, sólo el 2,9 por ciento de las 160 millones de hectáreas cuenta con algún tipo de protección oficial. Los pastizales se han transformado, entonces, en áreas prioritarias para la conservación. Y la Patagonia, en el medio de distintas realidades, cuenta aún hoy con pastizales templados relativamente intactos.

En la Patagonia, particularmente, entre el 80 y el 90 por ciento de la tierra se encuentra en manos privadas y se utiliza por lo general para el pastoreo de ovejas y vacas. En la región no sólo es indispensable luchar contra la desertificación (provocada, entre otros factores, por el clima y por esa casi exclusiva actividad económica), sino unir las fuerzas existentes y aportar nuevas técnicas y conocimientos para que el pastoreo en estancias privadas, que se ha desarrollado históricamente con baja o nula intervención tecnológica, adopte métodos y procedimientos que no dañen el medio ambiente y que contribuyan a la conservación y la utilización equilibrada de los recursos naturales. En cuanto a las áreas bajo control estatal, más allá de su belleza intrínseca, es imposible no reconocer que aportan servicios fundamentales tanto a la economía nacional como a las provinciales. En particular los llamados servicios ecosistémicos, concepto innovador que se refiere a los beneficios que recibe la comunidad y que provienen de los ecosistemas. Por ejemplo el agua, los alimentos, la regulación del clima y de los suelos, así como también los beneficios culturales y espirituales como la recreación y el disfrute de la naturaleza. En este sentido, la idea es apoyar a las denominadas “áreas protegidas” de la misma manera que con los sectores privados, analizando las particularidades de cada una. –

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