“Lupulina” sanar con la energía de las plantas

Lucía Molina

Lucía Molina es una emprendedora cordobesa, terapeuta floral y, sobre todo, defensora de las  propiedades medicinales y ancestrales de las plantas que nos rodean, respetuosa de la naturaleza y poseedora de un noble espíritu de ayuda. Hace seis años creó su marca “Lupulina” pero hace más de diez años que realiza sus productos y lleva toda una vida en profundo vínculo con los yuyos curativos.


Texto: Cintia Soldatich
PH:  Martín Crosta/Aire.life + Fotos de Lucía Molina


La palabra «yuyo» viene del quechua «yuyu» y hace referencia a que «es nutricio, alimento». En palabras de la médica naturista Sara Itkin: “las yuyeras eran mujeres con un saber intuitivo extraordinario, pasado de boca en boca, de generación en generación.”

Mientras escribo esta nota, me encuentro aplicando un conocimiento nuevo transmitido por Lucía, estoy tomando mate con unas hojas de radal dentro del termo. Ella me enseñó que este arbusto autóctono de la Patagonia tiene muchas propiedades medicinales, como ayudar en procesos respiratorios, aclarar la garganta y respirar mejor. ¡Cuánto nos falta saber de cada planta que nos rodea! 

Al llegar a su casa, hasta el entorno parece acompañar esta especie de magia o aura que rodea sus creaciones. Una hermosa cabaña dentro de un bosque. Y su tonada amable que no deja lugar a dudas, es cordobesa hasta la médula. Enseguida me ofrece un matecito, mientras en su cocina hay un preparado de cera de soja para hacer velas relajantes. Y es que Lucía no para, además de su emprendimiento trabaja en una cervecería reconocida de la ciudad de Bariloche, y en sus ratos libres cosecha plantas, estudia sus propiedades, lee mucho y produce ungüentos para masajes, bálsamos curativos, jabones artesanales y para un círculo más íntimo, algunas tinturas madre.

Cuando Lucía Molina tenía al menos cinco años, ya recorría campos de flores y hierbas silvestres en su ciudad natal Villa Ciudad de América, un pueblo tan chiquito que -reconoce-, ni siquiera los cordobeses conocen.  Allí pasaba mucho tiempo recolectando flores silvestres y yuyos, junto a una señora llamada “Doña Pabla”, a la que acudían muchísimas personas de los alrededores para comprarle hierbas y hacerse tés medicinales para distintas dolencias. Con el tiempo, ese recuerdo se fue perdiendo en la memoria de Lucía. Sin embargo, muy dentro suyo se había formado un vínculo inquebrantable con las plantas medicinales. 

El camino de Lucía empezó de muy chica, pero se fortaleció cuando llegó a Bariloche y tomó cursos con la Médica Naturista Sara Itkin, quien le presentó el mundo de las plantas medicinales patagónicas. 

-¿Cómo nació Lupulina? 

– Cuando llegué hace doce años a Bariloche, conocí a Sara (Itkin) y le mostré mis creaciones. Intercambiamos información y me invitó a una Feria en Villa La Angostura. Y ahí me re copé y comencé una marca pequeña llamada “Otawa”, hacía tinturas madres, iba investigando, creando, obviamente cosechaba y hacía todo yo, como hoy día.  Pero esa invitación me motivó, empecé a dibujar con fibras las etiquetas, y en esa feria vendí re bien. Mucho después cuando comencé a trabajar en la cervecería me empecé a relacionar con el lúpulo y conocí gente que necesitaba cosas con lúpulo que no existían, y ahí dije «yo hago…» Y ahí dije “arranco con ésta”. Y me decían Lu-Pulina, por Lu Molina, y porque vivía con las plantas, hacía aceite y estaba con las plantas, y quedó «Lupulina», ya hace seis años.

-¿Cuándo crees que surgió en vos esta pasión por conectarte con las plantas, con curar y ayudar? 

-Hace muchos años, antes de venir a vivir a Bariloche, en un viaje por Ecuador me intoxiqué fuerte, y por suerte, un conocido que estaba ahí que venía de la selva me dio un brebaje que me curó. Me estaba yendo al hospital, casi deshidratada. Y con esa preparación me salvó. Recuerdo que cuando lo tomé, me empezó hacer un ruido tremendo la panza, que dije “qué me está pasando”, y automáticamente sentí hambre y me recuperé.  Y dije, “wow, yo quiero hacer esto”.  

-Increíble el poder de la intención… 

-Totalmente. Pasó el tiempo, arranqué con las tinturas madre y la investigación. Me iba a ir de viaje a Ecuador de nuevo y dije, “me armo un kit de tinturas madre”.  Y me hice tintura de diente de león que te cura el hígado y te limpia mucho. Me fui a Ecuador, me hice un tecito, pero yo ya con miedo por lo que me había pasado,  hervimos el agua, y otra vez me sentí muy mal.  Entonces, recurrí a mi kit, me tomé un shot de tintura de diente de león, escuché ruido en la panza y de repente me empecé a sentir bien. O sea, me hice el brebaje que me curó aquella vez. Y dije “qué loco, estoy haciendo lo que pensé aquel día”. El poder de cuando uno intenciona y de repente te va llegando, con las plantas me pasó eso.

 

-¿Te “auto curaste” alguna otra vez con plantas? 

-Sí, muchas veces, sobre todo más en prevención. Me pasó antes de irme de viaje a Suiza me hice unos estudios, y me habían salido unas manchitas y fue como «uh qué hago». Me dijeron “andate de viaje y cuando vuelvas seguimos con los estudios”. Me llevé una tintura madre de equinácea y semillas de lino orgánico y cuando volví me hice los estudios de nuevo y el médico me preguntó: “¿Qué hiciste? Porque no tenés más nada.”

¿Crees que tenés «mano verde» para estos remedios? 

Para mí tiene un plus la energía, la dedicación y el amor que le ponés. Por ejemplo, yo cada vez que voy a cortar una planta realmente le pido permiso; si veo una paramela, ni loca saco toda una planta, saco una ramita de acá y dos de allá, es muy consciente la cosecha y con mucho respeto y gratitud. Eso también va en el producto, pero el poder de las plantas medicinales es simple y cura por sí mismo. Sirve para tratar muchas enfermedades y lo que para mí es mejor aún, para prevenir.

¿Recordás alguna historia de algún cliente que te haya impactado? 

  Un montón, mucha gente me escribe para agradecerme, para contarme que los bálsamos o los ungüentos les hacen súper bien, y yo me pongo feliz. Recuerdo el caso de una señora que me escribía por Instagram pidiéndome el bálsamo de cannabis. Y yo en ese momento estaba en mi trabajo y no podía responderle, y ella estaba muy urgida por el producto. Yo pensé “qué raro”. Pero bueno, fui hasta su casa a llevárselo como a las nueve de la noche. Y ahí me explicó que ella tenía fibromialgia, y que en el grupo de Facebook “Fibromialgia Bariloche” una persona había comentado que mi bálsamo le había hecho súper bien y esta señora estaba pasándola muy mal. Y efectivamente, es lo único que le hace bien. 

¿Cuál fue tu mayor desafío con este emprendimiento? 

El tema de habilitaciones. Hay una movida farmacéutica muy complicada. No podés decir que las plantas son medicinales porque debés tener la aprobación de la ANMAT. Y te cobran por cada inscripción de producto 200 mil pesos. Para un emprendedor es imposible.  Es ridículo, cuando está declarado por la Organización Mundial de la Salud que más del 80% usan plantas en té o lo que sea, porque la gente confía en las plantas. Porque las plantas evolucionaron con las personas. Entonces en los ingredientes no podés decir que tiene propiedades medicinales, porque te metés en el negocio de las farmacéuticas.  Cuando en realidad ellos hacen la copia sintética de las mismas propiedades de las plantas y la naturaleza. Y si vos querés legalizarlo, no podés, tenés que llevarlo a la parte cosmética. Es re frustrante, porque si, por ejemplo, yo hago un preparado con paramela dulce para comer es una pavada aprobarlo, pero si lo quiero hacer externo para la piel no te lo habilitan, no tiene sentido.

 –  ¿Creés que las plantas son la respuesta a las enfermedades? 

– Uno siempre trata el síntoma que es la cara visible de la enfermedad. Pero después la tapás con algún remedio farmacéutico, pero no sabés si te curaste. Para eso tenés que ir a la raíz del problema, tratar la energía.  Abrir la posibilidad a curarnos con plantas medicinales es mucho más coherente en conexión con nuestro entorno. Salir a reconocer las plantas, aprender sobre sus propiedades y beneficios, cosechar con conciencia, nos conecta con la tierra y con sus ciclos naturales. Creo que es la manera más sana de mantenernos saludables. De todos modos, si una herida no se sana con una planta, obvio que recomiendo ir al hospital. No es sólo las plantas, pero sí tener ese recurso a mano y tratar de salir de las farmacias, que están más vinculadas a la enfermedad que a la salud.

-¿Cuál es tu próximo paso con Lupulina? 

-Estamos armando un proyecto de recuperación de especies nativas. Pero con Lupulina creo que llegué al punto en el que pienso que podría vivir de esto y ese es mi sueño.

 

IG @lupulina.patagonia

 

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