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La redención

Breve recorrido por dos biografías imposibles
Por Martín Zubieta

El teniente Charles L. Brown debería haber muerto el 20 de diciembre de 1943 a los 21 años. Pero no. Estaba al mando de un B17F, uno de los bombarderos pesados más famosos de la Segunda Guerra Mundial, que formaba parte del 379th Bomardment Group de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el octavo escuadrón precisamente, que operaba desde Kimbolton, sitio ubicado al norte de Londres. La tripulación constaba de diez personas: piloto, copiloto, bombarderos, artillero de proa, ingeniero de vuelo, artillero de torreta dorsal, operador de radio, artilleros laterales, artillero de torreta ventral y artillero de cola. Pese a que la Alemania nazi no estaba aún derrotada, para los Aliados se trataba de una cuestión de tiempo. De hecho, entre el 28 de noviembre y el 1° de diciembre Winston Churchill, Franklin Roosevelt y Joseph Stalin ya se habían reunido en la Conferencia de Teherán. El B17, la “Fortaleza Volante”, no la tenía fácil: su escuadrón debía sobrevolar la ciudad de Bremen, en el noroeste de Alemania para, entre otros objetivos, bombardear y destruir la fábrica de aviones Focke-Wulf. Y allí iba, impulsado por sus cuatro motores Wright R-1820-97 “Cyclone” de 1200 HP cada uno. Las ametralladoras Browning estaban listas: los cazas de la Luftwaffe no tardarían en aparecer. Los bombarderos, a bordo, calibraban altura, distancia, tiempo y blancos. El B17F admitía una velocidad crucero de 323 kilómetros por hora (la máxima era de 523; vacío pesaba más de 15.000 kilos y podía transportar casi 3.000 kilos de bombas). Era letal. Pero como todo bombardero, era lento y debía defenderse no sólo de la artillería antiaérea sino de los cazas enemigos, que finalmente asomaron como de la nada. Eran muchos, muchísimos: Focke-Wulf190 y, principalmente, los ágiles, livianos, bellísimos y mortales Messerschmitt Bf-109 G. Estaban impulsados por motores Daimler-Benz de 1455 HP y su velocidad máxima era de 640 kilómetros por hora, contaban con ametralladoras MG y cañones; y podían ascender hasta los 12.000 metros. Ese día, uno de los BF 109 estaba pilotado por Franz Stigler, un bávaro veterano que, tranquilamente, podría haberse transformado en asesino, incluso en medio de las miserias de la guerra, incluso entre las absolutas miserias del nazismo. Pero no.

Aún antes de lanzar sus bombas, el B17F (apodado Ye Olde Pub, tal como rezaba en el fuselaje) ya había recibido daños, algunos serios, como la destrucción de su “nariz” de plexiglás. Luego todo se transformaría en caótico: en medio del frío del invierno -que en las alturas era aún peor-, el bombardero volaba con su motor número tres casi inutilizado (el cuatro fallaba y el dos se había “plantado”), el timón estaba seriamente averiado, los “huecos” en el fuselaje eran incontables, la mayoría de las armas estaban rotas o congeladas, la radio no funcionada, varios tripulantes estaban heridos (entre ellos Charles L. Brown, el piloto) y el artillero de cola había muerto. De repente, silencio e inmensidad. Ye Olde Pub ya no volaba en formación. Estaba por las suyas. Dice Arturo Pérez-Reverte: “Todavía sobre territorio alemán, el bombardero fue detectado por el piloto de la Luftwaffe Franz Stigler, de 26 años de edad, que en ese momento tenía 22 derribos en su haber, y sólo necesitaba uno más para ganar la Cruz de Caballero“. Stigler se puso a su cola. Voló por sobre el bombardero, se ubicó en sus flancos. Observó lo que quedada de ese aparato prácticamente inútil y advirtió los rostros de las tripulación, atribulados por el miedo, el frío y las obligaciones inmediatas. El bombardero estaba indefenso, inerme. “Así que tomó una decisión: situándose a su lado, muy cerca de él para que las baterías antiaéreas alemanas no lo atacaran, Stigler acompañó al enemigo vencido, escoltándolo hasta la costa, y allí alzó la mano en un saludo, dio media vuelta y regresó a su base. Nunca contó la historia a sus jefes, porque lo habrían fusilado“, relata Pérez-Reverte en su blog Patente de Corso. Final y milagrosamente, el B-17 pudo atravesar el Mar del Norte: aterrizó en el aeródromo de Seething, en Norfolk.

“¿En qué pensó el piloto alemán aquel día en el cielo sobre Alemania?, se preguntó Jacinto Antón en un notable artículo publicado en El País de Madrid. “Él dijo que en su hermano, también aviador y opositor a los nazis, que había muerto en acción. Y en su mentor, el as Gustav Rödel , que le advirtió que jamás disparara a un enemigo indefenso. En todo caso su código establecía que había que celebrar victorias, no muertes, y saber cuándo era el momento de escuchar, allá arriba, una llamada más alta, la de la caballerosidad y la compasión”. El sitio Chivalry Today recoge la misma versión: “Si alguna vez veo u oigo que disparas contra un hombre en un paracaídas, te dispararé yo mismo”, aseguró Rödel. En este sentido, el propio Stigler comentaría más tarde y en referencia al B17 de Charles Brown: “Para mí, era como si estuvieran en un paracaídas. Los vi y no pude derribarlos“.

Ninguno supo del otro durante mucho tiempo. Ambos sobrevivieron a la guerra y se encontraron por segunda -y definitiva vez- en 1990, cuando el viejo piloto estadounidense hizo pública su épica peripecia. Stigler vivía en Canadá. Brown había regresado a Virginia. Ambos amigos murieron en 2008: Stigler a los 92 años, Brown a los 87. Stigler el 22 de marzo. Brown el 24 de noviembre. Toda la secuencia es extraordinaria. Cuando me preguntan cuál es mi historia favorita de la Segunda Guerra Mundial, lo que no sucede tan a menudo como desearía, no tengo dudas”, – asegura Antón-. Al menos desde que descubrí, gracias a Arturo Pérez Reverte (quién sino cuando se trata de amistad, honor y redaños), una absolutamente imbatible. La del piloto de caza alemán que, un día de Navidades, decidió no derribar al bombardero estadounidense que tenía indefenso a su merced e incluso lo ayudó a volver a casa. Una historia tan buena que parece que no pueda ser verdad, pero lo es”.

DATOS 

La historia de Charles Brown y Franz Stigler puede leerse en un libro, A higher call, del periodista e historiador militar Adam Makos, con la colaboración de Larry Alexander, que Atlantic Books publicó en 2014. También se está filmando una película, con el guión de Tom Stoppard (Empire of the Sun, Shakespeare In Love) que, según el sitio especializado Internet Movie Data Base (IMBD) se encuentra “in development“.

Otro B17 (el número 41-24485) con una historia asombrosa es el Memphis Belle: fue el primer bombardero de su clase, en 1943, en cumplir ¡¡¡25 misiones de combate!!! sobre territorio enemigo, durante la Segunda Guerra Mundial, logrando sobrevivir a los cazas rivales y a la artillería antiaérea. Toda la tripulación regresó a casa, además. Su capitán era Robert T. Morgan. La película homónima se estrenó en 1990, dirigida por Michael Caton-Jones, y con Matthew Modine como actor principal.

MAS INFO/Bibliografía

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/921/una-historia-de-hombres-decentes/

https://chivalrytoday.com/chivalry-air/

https://elpais.com/cultura/2018/01/02/actualidad/1514915830_184485.html

Honor en los cielos: El día que un piloto alemán le perdonó la vida a un piloto estadounidense

https://en.wikipedia.org/wiki/Charlie_Brown_and_Franz_Stigler_incident

Boeing B-17 Flying Fortress

https://es.wikipedia.org/wiki/Boeing_B-17_Flying_Fortress

http://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?t=11025

http://www.flyingcarrot.com/Brown%20And%20Stigler.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Messerschmitt_Bf_109

→ Hay en You Tube animaciones muy buenas respecto a esta historia. Por ejemplo:

– https://www.youtube.com/watch?v=vv-tpc7gliI-

– https://www.youtube.com/watch?v=_8EkmyoG83Q

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