LA PROVINCIA DE TODOS LOS SABORES :: Mendoza

POR GUILLERMO KEMPIN

En Mendoza no sólo hay buenísimos vinos. El paisaje, como siempre, es extraordinario, al igual que la gente. Y ni hablar de los restaurantes. Hasta se pueden comer los mejores pescados marinos y los más sabrosos mariscos en la mismísima Tupungato. Volverá.
El escriba promete que volverá por más.

Visitar Mendoza en otoño es una experiencia única. No intentaré descripción alguna de paisaje y color, ya que los poetas se han ocupado y lo seguirán haciendo por siempre. Este nuevo vagabundeo «eno-gastronómico» me vuelve a entusiasmar como la primera vez y a fuerza de volver, cada vez aprecio más el carácter tenaz, laborioso y amistoso de los mendocinos, que convirtieron el desierto en un oasis regado con agua mineral.
Desde el nuevo arranque de la industria vitivinícola en los ˜90, la producción de vinos de calidad no ha parado de crecer. Fue una década de aprendizaje e inversiones que cambió el perfil productivo de Mendoza y un poco más tarde el de otras regiones.
Aunque los vinos ya habían despegado de la mano del Malbec y se empezaba a hablar en el mundo de esta región, hasta el 2000 no se acompañaba este crecimiento tan notable con propuestas gastronómicas y hoteleras adecuadas. Esta asignatura pendiente comenzó a revertirse a partir de esos años y lentamente se empezó un camino que ya está bien adelante.
La inauguración en 2001 del Hotel Park Hyatt fue el inicio del crecimiento del concepto de hospitalidad. Desde ese momento, los restaurantes de este amistoso hotel apuntaron a una propuesta de calidad. Hoy exhiben una carta de estilo italiano clásico en su restaurante principal y cocina criolla en su Q Grill. Sorprendente relación precio-calidad, servicio eficiente sin sobreactuaciones, con platos cuidados e ingredientes de óptima calidad. Extensa y bien seleccionada carta de vinos, acompañada de un correctísimo servicio del equipo de sommelliers. Park Hyatt es el lugar de excelencia para mostrar el potencial de los mejores productos mendocinos.
Afortunadamente no termina aquí la oferta gastronómica. A pocas cuadras hay otra muy buena opción. Azafrán es una casa estilo viejo almacén, con una sala de degustación que a la vez funciona como bodega del restaurante. Puede usarse también para comer consultando la disponibilidad con el personal. No tiene carta de vinos, se eligen in situ. El menú combina carnes, pescados y frutos de mar. Muy equilibrados en su ejecución, acompañados de mucha imaginación al momento de la presentación y elección de la vajilla.
En los últimos años ha crecido la presencia de productos del océano, tanto del Atlántico como del Pacífico, en las cartas de los restaurantes mendocinos. Un buen ejemplo es Praga donde se mezclan turistas y locales. Siempre lleno, con cuatro salas y una decoración ecléctica muy acogedora. Pescados y frutos de mar muy bien tratados acompañados de una adecuada carta de vinos.
Hay otra feliz explosión en el desarrollo de la industria vitivinícola mendocina: en los últimos quince años se han establecido en el Valle de Uco una importante cantidad de nuevas bodegas que se sumaron a las que ya existían con anterioridad. Hoy resulta imperdible una visita a esta gran extensión de viñedos de altura con la fuertísima imagen de fondo de la Cordillera de los Andes, notable, soberbia, arrogante, bellísima.
Y cuando se anda por aquí por Tupungato, Tunuyán o La Consulta, a la hora de comer hay que comer. Esta vez fue Tupungato quien dio la sorpresa. En esta apacible localidad con marco de montaña se encuentra el restaurante Ilo. Confieso haber esbozado una sonrisa cuando me dijeron que la especialidad eran maravillas del mar. Carta XXL. Sepias, langostinos, ostras, pulpo, abadejo, machas (sí, machas), vieyras, atún rojo, salmón, pejerrey, Encevichados, gratinados, a la plancha, en ensalada, fritos, salteados. Con Pinot Grigio Santa Julia 2010, gran revelación. Increíble festín marino en Tupungato. Aunque falta el elenco de los productos de la tierra. Prometo volver por más. Ambiente de boliche de pueblo. Limpio, sencillo, impecable. Frecuentado por bodegueros y parroquianos de la zona.
Esto es solo una muestra del potencial «eno-gastronómico» mendocino. Faltan los restaurantes en bodega y tantos otros más. No quedan excusas para no visitar esta provincia. Buen vino, buena cocina y hospitalidad D.O.C. –

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