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Fotografías de un pionero :: BRUNO SÁLAMON

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POR: MOIRA TAYLOR
FOTOS: LIA GARCÍA CONI
ARCHIVO VISUAL PATAGÓNICO, BRUNO SÁLAMON

Bruno Ricardo Sálamon fue un pionero del turismo en San Martín de los Andes y el Parque Nacional Lanín. Sus fotos, transformadas en postales, recorrieron el país mostrando la ciudad y la zona. Fue uno de los primeros en comprender al fenómeno turístico en su amplia complejidad. La semblanza de su hija, Zulema Pelisse de García Coni.

Bruno Ricardo Sálamon fue un pionero del turismo en San Martín de los Andes y el Parque Nacional Lanín. Fue el primer fotógrafo paisajista de profesión que hubo en la región. Hasta el momento de su muerte (falleció con 89 años) brindó su arte y sus servicios para hacer conocer la pequeña comarca a los turistas y a los pobladores del lugar. Para sus contemporáneos, y también para las generaciones que han venido después, su trabajo reconstruye la historia del pueblo y es un fiel relato de los cambios que el tiempo ha generado. Un personaje que vio en San Martín de los Andes un destino turístico, un lugar para dar a conocer, para brindar y, en el mismo proceso, cuidarlo y preservarlo. Entre fragmentos, fotografías, libros y el relato invaluable de su hija Zulema Pelisse de García Coni, conocemos a Don Bruno.

Todos lo conocían como Don Bruno.
Nació en Padua, Italia, el 12 de octubre de1892, hijo de una acaudalada familia de comerciantes de Milán que dispuso la educación de su hijo en un exclusivo colegio suizo, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. En esos años forjo una amplia cultura general y aprendió varios idiomas, saberes que lo beneficiaron luego en su empresa turística. Para cuando terminó el secundario su padre, según nos cuenta Zulema, le propuso estudiar “comercio e importaciones” en Inglaterra. “Pero papá era muy aventurero y no quiso irse para Londres. No sé si eso le cayó muy bien a la familia, pero él quería otra cosa”, dice Zulema, de sonrisa pícara y firme relato. Lo tentó América. Así es como en 1908, en el viaje inaugural del barco italiano Príncipe de Udine, llegó Don Bruno desde Génova a Buenos Aires. Con tan sólo 16 años y una carta de presentación, comenzó a trabajar en la administración de una estancia en la provincia de Córdoba. Luego se pasearía por Rosario y por la provincia de Buenos Aires, trabajando como maestro rural.

Corría el año 1923 cuando viajó por última vez a Europa. Su padre había fallecido y al volver, trabajó como viajante de comercio radicado en Buenos Aires y Bahía Blanca. Con este trabajo recorrió y fotografió todo el país, enamorándose particularmente de un pequeño pueblo al sur: San Martín de los Andes. En Bahía Blanca conoció a Elisa Otegui, a quien esperó muchos años para, felizmente, a los 45 años, contraer matrimonio el 8 de enero de 1938. Poco tiempo después se instalaron definitivamente en San Martín de los Andes. Elisa había perdido para ese entonces dos maridos: tenía dos hijos de su primer matrimonio y una pequeña del segundo. Zulemita Pelisse, aquella niña que perdió a su papá a los 5 meses de edad, es con quien hoy compartimos una amena charla. Su relato nos acerca a la persona de Don Bruno, quien fuera su padre por adopción. “Desde los 5 años estuve con él, y para mi siempre fue mi papá. Un hombre recto y repleto de virtudes. Todo el mundo lo quería y su fama de honestidad lo precedía”, recuerda Zulemita Pelisse de García Coni con orgullo. “Mi mamá Elisa contrajo matrimonio por primer vez a los 17 años. En aquel entonces no era una elección de una. Digamos que la casaron. Tuvo dos hijos y se quedó viuda a los 21”. Se volvió a casar a los 29 años. Durante el período de su primera viudez, Bruno la conoció y pretendió, pero aún esa historia de amor no era posible. Elisa se casó con Pelisse, con quien al poco tiempo tuvo que mudarse a Uruguay: el hombre era partidario de la Unión Cívica Radical (UCR) y ese año los militares, el 6 de septiembre de 1930, derrocaron al presidente Hipólito Yrigoyen, que era radical y transitaba su segunda presidencia. Ese fue el primer golpe de Estado de la Historia Argentina. “A los 31 años y conmigo de 5 meses, mamá volvió a quedar viuda. La noticia, a través de mi abuelo, llego rápidamente a oídos de Bruno y volvieron a ponerse en contacto. Pero mamá ya era viuda por segunda vez y tenía miedo de que le volviera a pasar. Pero mi papá insistió: la había esperado siete años”. Finalmente, en 1938, se casaron para vivir a San Martín de los Andes.

PIONERO DEL TURISMO
Don Bruno fue un emprendedor y le brindó muchas cosas al pueblo de San Martín: comercio de artículos regionales, estudio fotográfico o compañía de navegación y turismo “Lacar”, que trabajaba con las principales agencias de turismo de Buenos Aires. También desarrollo el primer puerto del lago Lacar en Quila Quina y allí compró una propiedad en la que instaló un vivero forestal. Además fue corresponsal del diario La Prensa de Buenos Aires, La Nueva Provincia de Bahía Blanca y otras revistas de la época. Un inquieto y hacedor nato que volcó todas sus inquietudes y saberes a la localidad, aportando crecimiento y proyección al pequeño poblado. “Cuando llegamos fuimos los primeros en comenzar con una empresa de taxis. Teníamos tres vehículos Ford A y con ellos hacíamos los traslado de pasajeros o lo que se necesitara. Llevaban a también a aquellos que tenían que ir o venir de Zapala a San Martín, dado que era hasta allí que llegaba el ferrocarril que conectaba con Buenos Aires. Además tenía también la empresa de navegación para transportar a los turistas en paseos por el lago Lacar, emprendimiento con el cual creció y favoreció el desarrollo de la villa Quila-Quina y del puerto de Hua-Hum”, explica Zulema

Su empresa de navegación contaba con tres lanchones (Lacar, Nell y Araucana), con espacio para unos 8 pasajeros: “Nos parecían enormes las lanchas –dice Zulema- Que pudiéramos ir 8 personas era para nosotros, en aquel entonces, casi como un crucero. Los viajes eran a Quila-Quina como primer puerto. Es por ello que el muelle de la villa lleva el nombre de mi papá, “Don Bruno Sálamon”. También hacia el traslado de pasajeros a Hua-Hum, donde nos esperaban los Vandorsser en la hermosa hostería que tenían montada allí. Mamá disfrutaba mucho y era muy amigas de la señora Vandorsser”, cuenta entre recuerdos Zulemita. Bruno Sálamon demostró ser un apasionado por San Martín de los Andes y su labor como guía no se reducía al trabajo de recorrer y mostrar. En su quehacer sembraba la semilla del saber “ver” la naturaleza, transmitiendo a los incipientes turistas de la década del ´40 su entusiasmo por conocer y así poder cuidar este rincón del plantea que había elegido como su hogar.

UN HACEDOR
Filatelista, numismático, apasionado ajedrecista, lector de cuanta publicación pasara por sus manos y muy especialmente dedicado a la fotografía, se destacó en su técnica y su arte, obteniendo premios en salones fotográficos de Buenos Aires y Bahía Blanca; en los últimos años de su vida logró una importante colección de diapositivas color de inestimable valor artístico de la zona del Parque Nacional Lanín. Además, desde la gestación de las primeras manifestaciones del turismo, sus fotografías fueron protagonistas de publicaciones oficiales y privadas. Libros, folletos de Parques Nacionales, Dirección de Turismo Provincial y Nacional, almanaques o postales: todas ellas hicieron uso de su registro y su mirada.

Bruno Sálamon fue el primer editor de fotos postales en blanco y negro no sólo de esta región sino de toda la Patagonia. Esas postales fueron las encargadas de dar a conocer la apariencia e imagen de toda la región. Más adelante sumó también las postales en color, generando un archivo de más de 5000 imágenes que recorrían todo el país incansablemente. Su actividad como guía y emprendedor turístico y fotógrafo profesional, su afición y dedicación por la naturaleza y particularmente la flora del lugar, dejó un legado invaluable plasmado en un vivero/bosque en la villa Quila-Quina donde pasaba mucho de su tiempo, según relata Zulema. “Aún hoy cuando vamos vemos la amplia variedad de especies de árboles y flores que allí plantó. Generó una muestra viviente de la riqueza de la tierra que habitamos. Plantó arrayanes, sequoias, variedades de pinos y hasta flores traídas especialmente de los Alpes italianos. Imprimió en nuestra casa de Quila-Quina su esmero por aprender y cuidar la riqueza natural que nos rodea”, dice emocionada su hija.

Una vida que se cuenta en imágenes y que relata el viaje de una persona comprometida con la Patagonia. Bruno Sálamon nos ha regalado con su inquieta mirada, su gusto por aprender y estudiar y su compromiso con la naturaleza que lo rodeaba, un legado único e invaluable: nos ha regalado historia e identidad.

UNIENDO LA PATAGONIA
En 1936 realizó con su entrañable amigo José Antonio Fernández Beschtedt el primer viaje en un carro por el llamado Paso del Córdoba a Bariloche, donde se reunieron con Horacio y Domingo Fernández Beschtedt y juntos transitaron los agrestes y desolados caminos patagónicos como corresponsales del diario La Prensa de Buenos Aires. Su trabajo fotográfico del sur argentino fue protagonista de las ediciones dominicales de ese diario por muchos meses. En aquel entonces el desconocimiento de la apariencia, la vida y las costumbres de la Patagonia eran una incógnita para quienes vivían en la Capital y el resto del país. Su puntilloso trabajo descriptivo en postales del territorio conformó un archivo fotográfico único que aún hoy se conserva.

HISTORIA DE UN AMOR
La historia de amor de Bruno y Elisa tuvo su tiempo de espera. Pero cuando se rencontraron, nunca más se separaron. Esa promesa los acompañó en su lecho de muerte. Cuando Elisa enfermó debieron derivarla a Buenos Aires. Bruno se quedó en San Martín. Al poco tiempo Bruno también enfermó: murió lejos de su gran amor. Pero sólo los separaron unos días: doña Elisa también murió. Y así, casi al mismo tiempo, San Martín de los Andes despidió a una pareja emprendedora y que marcó un rumbo: el del desarrollo turístico de aquel pueblito, hoy un destino turístico por excelencia de la Patagonia.

ZULEMITA PELISSE DE GARCIA CONI
Hija de esta pareja de pioneros, vivió en San Martín desde los 7 años. Asistió a la Escuela N°5 cuando “era tan sólo un ranchito frente al actual edificio de correo argentino”. Estudió el secundario en Buenos Aires pero pronto volvió al pago: “Me busqué un marido porteño para no volver y fue él quien empujó más para venirnos a vivir a San Martín. Con mi primera hija en brazos nos radicamos en el pequeño poblado que fue siempre mi hogar”, recuerda Zulema. “A mi segundo hijo, Horacio, también lo fui a tener afuera: aquí era todo muy precario y mi primer parto no fue nada fácil”. “Con mi marido tuvimos un negocio de artesanías y nos dedicamos a eso desde nuestro comienzo aquí. Aún lo tengo, aunque ahora que mi marido falleció, no tiene el mismo sentido. Yo lo conocí por intermedio de mi papá que nos presentó acá en San Martín. Y él no sólo se flechó conmigo sino con el lugar”, se ríe Zulema. “En aquel entonces hacer el viaje desde Buenos Aires no era tan simple: salíamos a las 6 de la mañana de casa y llegábamos a las 7 de la tarde a Zapala: ahí esperábamos el tren y nos disponíamos a dos días de trayecto hasta llegar a Buenos Aires. Tenías que estar muy seguro de que te gustaba esto. Pero mi marido siempre le gustó y al casarnos ya sabíamos que volveríamos para San Martín de los Andes. Además yo era muy de mi mamá: ella era tan buena que siempre queríamos estar cerca”. “Más de 60 años de casados compartimos con mi marido. Soy una afortunada de haber tenido todos esos años con él. Me casé en la capilla San José e hicimos la fiesta con todo el pueblo en el Hotel Turismo: Bruno sacó todas nuestras fotos y las de muchos otros eventos de los pobladores del pueblo”, relata Zulema.
Zulema es otra de las voces vivientes de la historia de San Martín de los Andes. Su relato de pequeñas anécdotas permite “viajar” a otras épocas donde la pequeña comarca de San Martín de los Andes era un destino perdido en aquella “Patagonia rebelde”. Vivencias que en primera persona reconstruyen la historia y nos dejan ver lo que fue este lugar que es la querencia de tantos otros hoy en día.

EL ARCHIVO VISUAL PATAGÓNICO
Gracias a un trabajo de comprometida recopilación, el Archivo Visual Patagónico ha logrado reunir material fundamental en la reconstrucción histórica de esta región de la Patagonia. Algunas de las imágenes que ilustran esta nota son el resultado de ese trabajo de rescate del patrimonio histórico cultural que nos identifica. Quienes participan en esa tarea vienen desarrollando un trabajo minucioso de organización y puesta en valor no sólo de las fotografías, sino también de las historias de los protagonistas de esas imágenes y de la historia común de la Patagonia.

Contacto: Federico Silin

fedesilin@hotmail.com

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