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El Barco

Texto: Martín Zubieta

Pequeña crónica por los arrabales del dolor, la estupidez, el heroísmo y la muerte.

Veterano de mil mares, un par de océanos, batallas, escaramuzas y azares varios, el barco, el 19 de abril de 1982, estaba en la Isla de los Estados, la misma que había fascinado a Julio Verne, quien ubicó allí a los personajes y la acción de su novela  El faro del fin del mundo, en  realidad uno de los más antiguos de América del Sur, el faro de San Juan de Salvamento. Pero las circunstancias eran otras. No iban a aparecer por allí el pirata Kongre ni Vázquez, uno de los torreros. Los centinelas y los radares del barco no esperaban detectar el aviso argentino Santa Fe de la ficción, publicada en 1905. Argentina estaba en guerra con Gran Bretaña por las Islas Malvinas y el capitán del navío, Héctor Bonzo, tenía otras preocupaciones en mente. Sabía con alguna certeza que había dos portaaviones británicos en la zona, el Invencible, y el  Hermes, más pequeño. El nombre de varios destructores también estaban en su cuaderno de bitácora: Exeter, Cardiff, Intrepid, Coventry, Sheffield, estos dos últimos a la postre hundidos por aviones argentinos. De Londres había zarpado, además, una flota de fragatas, entre ellas la Brillant, la Avenger o la Antelope. Los Sea Harrier FRS Mk.12​ también formaban parte de su desasosiego. El barco, el crucero ARA General Belgrano, puso proa a Ushuaia, en la Tierra del Fuego, para retornar nuevamente a la Isla de los Estados tres días más tarde. Por allí debía permanecer, de acuerdo a sus órdenes. Sus cañones de 6 pulgadas podían ser temibles. Dos destructores argentinos, el Bouchard y el Piedrabuena, lo acompañaban. Parecía lógico: el Belgrano no contaba con sistemas antisubmarinos. El Bouchard y el Piedrabuena, sí.

El domingo 2 de mayo, a las 16 horas, el crucero General Belgrano fue atacado por el submarino nuclear Conqueror que, con dos torpedos, lo mandó a pique fuera del área de exclusión militar de 200 millas. Fueron torpedos convencionales MK 8, muy utilizados durante la Segunda Guerra Mundial. El barco también era de la misma generación. Cuando ya no queda nadie a bordo y la nave se hunde a babor inexorablemente, los dos últimos hombres abandonan el crucero por la proa, saltan al Atlántico y se pierden de vista (un par de días más tarde se reencontrarán, quizá para siempre): se trata del suboficial Ramón Barrionuevo y el capitán Bonzo, que honran su propio nombre y todas las tradiciones marineras posibles.

Murieron 323 de los 1093 tripulantes de la nave. 323. Número fatídico. Inolvidable. Heroico. Mártires de una causa justa en las peores manos: las de ladictadura militar que tiró a la marchanta la última baraja que tenía y decidió invadir y tomar las islas el 2 de abril de 1982. Pese a las miserias propias de la dictadura, pese a la certeza atroz de los desaparecidos, una gran (grandísima, sólo se necesita recurrir a los archivos para volver a mirar las fotos de la época o navegar por You Tube para repasar imágenes y audios) parte de la población apoyó semejante acto suicida, demencial, desproporcionado, inútil, desesperado, elemental y demagógico (entre otros adjetivos posibles): era -y es- una causa justa desde 1833, cuando el capitán inglés John Onslow, al mando de la fragata Clio, ocupó las Malvinas (habían merodeado por allí con anterioridad) en nombre de la corona británica. Pero en el lugar había una delegación argentina, en este caso al mando de José María Vernet, desde 1820, aproximadamente. De hecho existía desde 1829 una Comandancia Política y Militar de las Islas. Además, la Argentina se considera legítima heredera de las posesiones de la corona española en la región. Y los españoles tenían, desde 1766, gobernadores en las islas, que incluso reconocen antecedentes de ocupación francesa. Por eso las fibras de ese concepto inasible y a veces peligrosísimo (la Patria) estaban en carne viva. Vientos rancios e híper nacionalistas comenzaron a soplar en todas direcciones mientras desde los balcones de la Casa Rosada se decían necedades y se proferían amenazas frente a una multitud embanderada que aplaudía la “hazaña” sin medir, acaso, la magnitud del adversario y la poca o nula aptitud de los hacedores intelectuales de la ofensiva. Tampoco la moralidad o la ética de los responsables. Las muchedumbres suelen adoptan dinámicas propias, muchas veces irracionales. En ese mismo lugar pero dos días antes, el 30 de marzo, una multitud (otra, tal vez) llenó la plaza para protestar e insultar a la dictadura, que reprimió sin dudar y detuvo a más de 500 manifestantes. “¡Se va a acabar, se va a acabar / la dictadura militar!”, gritaban y deseaban. Hasta los reclamos más justos como el de Malvinas necesitan de idoneidad intelectual, honestidad, de una absoluta legalidad, del don de la oportunidad, de ubicuidad, de mesura, de cierta e indispensable proporcionalidad, de firmeza genuina. Jorge Luis Borges argumentó alguna vez que los militares confundieron el derecho argentino sobre las islas con el derecho a invadirlas que, evidentemente, eran cosas distintas. Como el mismo Borges narra en un magnífico poema de 1985 (Juan López y John Ward), “el hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender”.

El Belgrano se llevó consigo la vida de 323 marinos  rumbo a las profundidades azules del Atlántico Sur. El barco, que había entrado al servicio de la Marina de los Estados Unidos el 12 de marzo de 1938 bajo el nombre de Phoenix, quizá como intuyendo su destino, ya había navegado por aguas argentinas:  en diciembre de 1938 atracó en el puerto de Buenos Aires. Incluso el entonces presidente de la Nación, Roberto Marcelino Ortiz, estuvo a bordo. Como si la tercera fuese la vencida, como si se tratase de ese cigarrillo que jamás hay que encender con el mismo fósforo, se hundió con su tercer nombre: cuando la Argentina lo compró, en octubre de 1951, Juan Domingo Perón era el presidente de la República. De manera previsible fue bautizado ARA 17 de Octubre, fecha fundacional del justicialismo. Ese fue su segundo nombre. Pero nada es para siempre en una Argentina casi siembre incandescente:el Golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 derrocó a Perón y la Marina había sido intensamente antiperonista. El navío, también previsiblemente, fue bautizado una vez más: hasta su instante fatal sería el crucero General Belgrano en homenaje a uno de los hombres más unánimes de la historia nacional.

El Phoenix había tenido su cuota de gloria y fortuna. Tanto, que el 7 de diciembre de 1941 resultó indemne del ataque japonés a Pearl Harbour. Ese día murieron más de 2400 militares estadounidenses (sin mencionar civiles ni heridos) y los japoneses destruyeron más de 200 aviones, además de hundir a los destructores Arizona, Oklahoma, California, Tennessee, West Virginia, Cassin o Downes, entre otros, las fragatas Helena y Raleigh incluidas. Ese día, “a date which will live in infamy”, de acuerdo al conocido discurso del presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt el 8 de diciembre de 1941, cuando le solicita al Congreso la autorización para declararle la guerra al Japón, el barco se mantuvo fuera del alcance de los bombardeos. Los nipones tampoco pudieron dañar a los portaaviones Enterprise, Lexington y Saratoga, imprescindibles en la Flota del Pacífico,que no estaban apostados en Hawaii. Como ellos, el Phoenix sobrevivió al ataque japonés. Y también a la Segunda Guerra Mundial, en la que se mantuvo siempre operativo.

Tras  un breve paso por las costas de California en 1942 el barco navegó hacia la India, Ceilán (hoy Sri Lanka),  Java (Indonesia) y Australia. Su silueta era habitual en el Pacífico Sur, en 1943-44, donde participó de la Batalla del Cabo Gloucester, en Nueva Guinea. Junto a los cruceros Nashville y Shropshire (este último, inglés), partió rumbo a las Islas del Almirantazgo, en el archipiélago Bismarck, también en Nueva Guinea, que habían sido ocupadas por Japón en 1942, y que fueron recuperadas por los Aliados en febrero de 1944. Estaba en la zona cuando, en junio de 1944, lo atacaron aviones japoneses: el Phoenix viajaba junto al Nashville y el Boisse (el Boisse era un crucero ligero, gemelo del Phoenix,  también adquirido por la Argentina el mismo día de 1951: pasó a llamarse ARA 9 de Julio) y un par de destructores. El barco recibió daños menores y sufrió, por primera vez, pérdidas humanas a bordo. Al intentar cruzar el estrecho que separa la isla de Biak con Nueva Guinea fue torpedeado  por un Nakajima B5N japonés. El torpedo, en esa oportunidad, falló.

Su derrotero lo condujo a participar de la reconquista de la Filipinas, operación al mando del general Douglas MacArthur, que comenzó con el célebre desembarco de los marines en la isla de Leyte el 20 de octubre de 1944 y que finalizaría en agosto de 1945. El Phoenix participó de las maniobras navales que culminaron en el Combate Naval del Estrecho de Surigao, el 24 de octubre de 1944, en el marco de la Batalla del Golfo de Leyte, siempre en las Filipinas. Todo fue terrible y en los alrededores estaba el viejo barco: en la Batalla del Golfo de Leyte murieron 3000 estadounidenses y australianos y casi 13 mil japoneses, que además perdieron una decena de cruceros, tres acorazados, cuatro portaaviones, once destructores y unos 300 aviones. Está considerado uno de los combates navales más importantes de la historia junto a Salamina (los griegos derrotaron a los persas en el 480 a.C), la batalla de Ecnomo (en Sicilia los romanos vencieron a los cartagineses, 256 a.C), la batalla de Trafalgar (el 21 de octubre de 1805 España y Francia se enfrentaron a la Armada británica, al mando del almirante Horatio Nelson, quien se transformó en héroe para los ingleses) y Jutlandia, la batalla naval más importante de la Primera Guerra Mundial, que enfrentó a ingleses y alemanes entre el 31 de mayo y el 1° de junio de 1916 frente a las costas de Dinamarca, en el Mar del Norte, que puede considerarse un  “empate técnico” (participaron alrededor de  250 barcos: 11 naves germanas y 14 británicas resultaron hundidas).

Como si se tratase de una paradoja, el Phoenix navegaba de regreso a Pearl Harbour cuando el imperio japonés capituló el 15 de agosto de 1945 (la rendición se firmaría días más tarde, el 2 de septiembre, a bordo del acorazado Missouri). Su futuro estaba, de muchas maneras, escrito: iba a desguace o se vendía. La Argentina, luego de casi 6 años sin navegar, lo rescató del más penoso de los olvidos. Elcrucero General Belgrano, como Francisco Narciso de Laprida en el Poema Conjetural de Borges, esa fría tarde de 1982, se encuentra, trágica, fantasmalmente, con su destino sudamericano, particularmente argentino, en las inmensidades del Atlántico sur. Sigue siendo el único barco de guerra hundido por un submarino nuclear: la fatal peripecia no ha vuelto a repetirse. Allí está todavía, en las oscuridades de los abismos oceánicos, a unos 4200 metros de profundidad y a unas mil millas náuticas de Ushuaia.

FUENTES:

http://www.ara.mil.ar/malv_accbelicas_belgrano.asp

http://www.royal-navy.mod.uk/

http://www.ara.mil.ar/malv/malv/crucero.html

https://www.lanacion.com.ar/2019641-hundimiento-del-crucero-general-belgrano-la-foto-robada-que-hizo-historia

https://es.wikipedia.org/wiki/Ataque_a_Pearl_Harbor

http://www.aacrucerobelgrano.org.ar/

https://www.clarin.com/sociedad/historia-crucero-general-belgrano-caso-espejo-ara-san-juan_0_BJOrdzLlM.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Islas_Malvinas

https://www.infobae.com/historia/2018/04/02/y-todavia-seguis-pensando-que-las-malvinas-son-argentinas/

http://www.exordio.com/1939-1945/Sounds/dateofinfamy.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Discurso_de_la_infamia

https://elpais.com/cultura/2015/04/01/babelia/1427902246_835506.html

https://www.infobae.com/sociedad/2017/05/02/hundimiento-del-crucero-general-belgrano-la-increible-historia-de-coraje-detras-de-una-dramatica-foto-que-dio-la-vuelta-

http://camne.com.ar/cruceroarabelgrano/cbresenahistorica/cbresenahistorica.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_Golfo_de_Leyte

https://www.youtube.com/watch?v=RjueI8Ju7HU (comunicado oficial respecto al hundimiento del Belgrano)

https://www.youtube.com/watch?v=VVoA_2ovj1c (discurso de Galtieri I, abril 1982)

https://www.youtube.com/watch?v=QFp5X1KzPGU (discurso de Galtieri II, abril 1982)

https://www.youtube.com/watch?v=-yoWYqM2lxw (discurso de Galtieri III, abril 1982)

https://www.youtube.com/watch?v=g5v4MKEAnVw (Galtieri anuncia la rendición)

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