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Stencil: cuando las paredes hablan

Fotos gentileza El Cro. Stn.

Desde hace poco más de un año el artista urbano El Cro. Stn. interviene con su obra distintos espacios de la ciudad. El paisaje urbano cambia significativamente y se vuelve una galería a cielo abierto.

El stencil es una técnica y, a la vez, una rama dentro del street art o arte urbano que ha crecido exponencialmente en las calles de las grandes -y no tan grandes- ciudades del mundo, apelando a la atención y curiosidad de sus habitantes. La gran mayoría de estas obras se encuentran en espacios públicos: paredes, muros, paradas de colectivo y abandonados que, intervenidos por el artista urbano, son resignificados y cobran nueva vida.

Hace más de un año que Juan Manuel Nai Oleari llegó a Bariloche y retomó lo que venía haciendo desde hace más de una década en zona oeste de Buenos Aires: pintar stencils. Sus obras son fácilmente reconocibles por su gran formato y estilo y los temas o motivos de sus intervenciones: animales combinados con formas geométricas y tramas, figuras humanas, mucho color y claro está, por su firma: “El Cro. Stn.” (abreviatura de “El Croqueta Stencil”). Aprendió parte del oficio de su abuelo Polo, quien fue pintor, letrista, escultor, serigrafista e ilustrador. Pintar en la calle es también una vidriera para hacer trabajos en bares y locales con intervenciones, cartelería y cuadros. “En Bariloche hay bastantes lugares para explotar, para pintar, para levantar. Intento pintar en lugares” cachuzos” o pintarrajeados para levantarlos. No pinto arriba de otros. Trato de apuntar a lugares sobre Bustillo que es un avenida importante de la ciudad que se re mueve porque, entre otros detalles, pasa el colectivo. Me gusta que lo vean todos, no que sea un lugar donde acceden pocos”, explica Nai Oleari.

Los orígenes del stencil

En inglés stencil significa “plantilla”. Consiste en crear una imagen o forma en negativo recortando una plancha de acetato u otro material, creando así la plantilla que se pegará en la pared para aplicar el aerosol o pintura acrílica. Los orígenes de esta manifestación del arte urbano comenzaron en París en 1981, de la mano de Xavier Prou, más conocido -por su firma- como Blek le Rat, quien comenzó a pintar con stencils pequeñas ratas en las calles de la capital francesa. En su Manifiesto, el artista urbano explica su motivación: “Intento exponer las mejores cosas de la vida mediante inesperadas imágenes que distraen y deleitan a los peatones, sacándolos de sus preocupaciones cotidianas. A pesar de las represalias por parte de la policía en contra del graffiti, continuaré asaltando las calles en la oscuridad, ya que para mí, llevar el trabajo directamente a las calles es parte primordial de la evolución del arte”.

Blek le Rat adquirió mayor notoriedad en 1987 cuando el Centre Pompiduo, también conocido como el Museo Nacional de Arte Moderno de París, realizó una exhibición con sus stencils.

El sucesor de Blek le Rat es, sin duda, Banksy, un artista británico cuyo verdadero nombre permanece en el anonimato. Sus stencils están cargados de crítica social y sátira y giran en torno a los conflictos que hay en el mundo: hambruna, pobreza, guerra y consumo. Ha realizado trabajos en lugares tan distantes de Inglaterra como Estados Unidos, Australia, Canadá, Francia, Israel, Jamaica e incluso Palestina.

La ilegalidad y el vandalismo siempre han sido asociados a esta forma de expresión en el espacio público. Pese a ello, el arte urbano, en sus distintas manifestaciones, ha crecido en todo el mundo.

Bariloche stencil

“En Buenos Aires esta movida está más adelantada y cuesta encontrar lugares donde pintar. Allá se van tapando, hay una lucha tonta de egos. Y acá no pasa eso: en Bariloche hay más una cultura del graffiti, letras, caracteres, tags, que vienen del Hip Hop”, cuenta El Cro.

Sus stencils pueden encontrarse en el centro de Bariloche (en calle Salta), sobre la Ruta 40 en el Barrio El Frutillar, en Villa Los Coihues, en Punto Panorámico y en distintos puntos de Avenida Bustillo, mayormente, paradas de colectivo: “Salgo de día para que no sea sospechoso: de noche tiende a hacerse todo más ilegal. Empiezo temprano, llevo escalera, batea, pintura, pinceles, aerosoles y las plantillas. Es algo que lleva tiempo. A veces pido permiso y otras veces, no. Lo hago por amor y a pulmón, cuando tengo tiempo y me queda algo de pintura de algún trabajo, salgo a pintar. La gente se copa. Siempre me gustó que sea una vidriera que está ahí, no le tenés que pagar a nadie”, explica Nai Oleari respecto a su modus operandi.

Facebook: elcrostn

Instagram: @elcrostn

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