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Crónica fotográfica desde el AIRE

Si cualquier mortal se dispusiese a comparar bellezas extraordinarias, no hay duda de que las Torres del Paine figurarían en los primeros puestos de cualquier enumeración arbitraria. Ubicadas en el Campo de Hielo Patagónico Sur y dentro de un parque nacional, las “torres” tienen vida propia. Las biografías de Alberto María de Agostini, Gunther Plüschow y el conde Guido Monzino, entre las de otros pocos, se mezclan con el silencio y la exuberancia.

La Cordillera de los Andes bien al sur, casi antes de desaparecer, expone sus últimos macizos graníticos de excepcional elegancia. Este grupo orográfico constituido por imponente torres de hielo y roca recibe  el nombre de Torres del Paine. Situadas al final de Campo de Hielo Patagónico Sur (el sector antiguamente era conocido como la “Sierra de los Baguales”)  hoy forma parte del Parque Nacional  Torres del Paine, creado en 1959 por el Estado chileno. El parque tiene una superficie de 242.250  hectáreas y se desplaza desde los 200 metros sobre el mar hasta los 3.050, justamente en la punta del macizo central. A pesar de haber sido castigado con los incendios ocasionados por los pobladores para el pastoreo de ganado, luego de su fundación  se comenzó a regenerar y cuidar, hasta que el 1978 la Unesco lo declaró reserva de la biósfera.

Dentro del Parque Nacional Torres del Paine, sin dudas el más famoso de la Patagonia chilena, visitado por cientos de miles de turistas al año, se encuentran las torres y obeliscos de granito que en esta nota pretendemos mostrar desde el aire: estas montañas atrapan el interés de los escaladores de  élite y son el atractivo principal de los visitantes; sus primas cercanas, el Fitz Roy y el Cerro Torre, distantes unos pocos kilómetros y dentro del Campo de Hielo Patagónico Sur, también son las estrellas del lugar.

El padre salesiano Alberto María de Agostini, incansable explorador de la Patagonia, recorrió la zona entre 1917 y 1943, internándose en los valles y escalando cerros linderos a las Torres. La exploración de 1929, particularmente, tenía como propósito develar los misterios de  la naturaleza del sector central de las Torres. Al llegar a la cumbre del Cerro Balmaceda, ubicado un poco al sur de las Torres, el “cura montañés” escribió: “Cuando una tarde llegamos a la cima, se presenta a nuestras miradas el circuito total en el que termina el valle: el misterio que encerraba este rincón el Paine ha sido  develado completamente”. Con estas palabras, que son las primeras descripciones del acceso a las Torres, y con la postrera expedición realizada por el mismo De Agostini en 1943 al sector norte, a las orillas del lago Dickson, concluyen los años de reconocimiento y exploración de acceso, dando inicio a la época dorada de las conquistas de las cumbres de esas magníficas montañas.

El Paine Grande, que son las torres que hicieron famoso el Parque Nacional, posee 4 cumbres que están bastante alineadas en un eje norte-sur, destacándose, sin duda, la Cumbre Principal, simplemente alucinante: está constituida por un torreón de roca de imponentes dimensiones -que sobrepasa a las otras por unos 300metros, aproximadamente-, y que está cubierto de grandes hongos de hielo de formas vertiginosas y extraplomadas. Los nombres de sus otras cumbres son (de sur a norte): Cima Sur o Punta Bariloche (2660 metros), Cima Central (2730 metros), luego la Cumbre Principal y, finalmente, la Cima Norte (2760 metros).

Primer ascenso a la Cumbre Principal

Durante el verano de 1953 y 1954, varios andinistas del Club Andino de Bariloche (CAB), por entonces el club de montaña más importante de la Patagonia, estaban ansiosos con lograr su primer ascenso. Lo habían intentado en varias ocasiones, pero todos los esfuerzos se interrumpieron tras la muerte de Toncek Pangerc y Heriberto Schmoll, quienes fueron sepultados por una caída de seracs. Pocos años después, en noviembre de 1957, otro grupo del CAB reincidía en la montaña: la cordada de Jerev Davorin y Carlos Sonntag logró llegar hasta 40 metros de la Cumbre Principal. Este intento guarda un secreto especial, ya que estos argentinos lograron ingresar al parque nacional eludiendo los controles chilenos que, por una disposición extraordinaria, habían ordenado reservar la cima para la expedición italiana liderada por el conde Guido Monzino, compuesta por 17 personas. La situación generó un enfrentamiento entre el CAB y el padre Alberto María de Agostini, quien pretendía dejar la cumbre reservada para sus compatriotas.

Monzino arribó al parque pocas semanas después junto a su selecto grupo de guías alpinos. Jean Bich, Leonardo Carrel, Toni Gobbi, Camillo Pelissiery y Pierino Pession siguieron la ruta abierta un mes antes por los argentinos, accediendo por el flanco oeste del cerro, a través de un conjunto de canaletas de nieve y hielo que se abren paso entre la Punta Bariloche y la Cima Central, para posteriormente atravesar el gran plateau y escalar la Cumbre Principal por la pared Este y la arista noreste. Cuentan que demoraron seis horas y media tan sólo para superar el tramo entre el último pitón argentino y la cumbre. Pasarían más de 40 años para que los hongos de hielo de la cumbre fuesen nuevamente visitados.

Segundo ascenso a la Cumbre Principal

El 24 de octubre de 2000, experimentado escalador argentino de la Patagonia Rolando Garibotti, junto al francés Bruno Sourzac, ingresaron al Parque Nacional Torres del Paine. Realizaron su primera detención en el refugio Pehoé para luego caminar hacia el glaciar Grey. Antes de comenzar el descenso que lleva al glaciar, empezaron a subir e instalaron un campamento base en uno de los últimos grupos de árboles (450 metros, aproximadamente). Al día siguiente portearon sus equipos hasta el circo que forman las cumbres Central y Bariloche, para después regresar al campamento.

El 26 de octubre comenzaron temprano. Una vez recuperado el material continuaron hacia el plateau, donde llegaron cerca de las 9 de la mañana. La nieve estaba dura, por lo que no utiliaron ni esquíes ni raquetas. Escribió Garibotti: “La escalada en si comienza al pasar la rimaya. La primera sección de hielo es durísima. Son en total 6 largos: el primero fue de 80m (55°), el segundo también fácil (60°) se hace ligeramente hacia la derecha (60m). En el tercero se hace una travesía en mixto hacia la izquierda (10m.) para enganchar un goullote que lleva al pie de un muro vertical (60m). Los dos largos siguientes son un poquito más difíciles y comprenden dos secciones de 10m a 85° cada uno. El hielo no es siempre ideal y a ratos es una mezcla de hielo y escarcha, así que hace falta un poco de cuidado. Desde el fin del segundo largo difícil, justo al pie del hongo somital, se sube hacia la derecha y se hace una travesía larga hasta el pie del mismo, para finalmente subirlo por su lado sureste. Bajamos por la misma vía dejando 1 estaca y 5 abalakovs. Ese mismo día volvimos al CB, más o menos a las 10 de la noche”.

Con esta ascensión, Garibotti y Sourzac no sólo se convertían en la segunda cordada en escalar el Paine Grande: además fueron los primeros en alcanzar la Cumbre Principal utilizando una ruta directa por la cara sur. El primer ascenso invernal, por su parte, lo coronaron los andinistas chilenos Camilo Rada,  Sebastián Irarrázaval y María Paz Ibarra en agosto del 2011.

El aviador alemán Gunther Plüschow, as de la Primera Guerra Mundial, fue el primero en sobrevolar las Torres del Paine, a fines de los años´20, pilotando un modesto hidroavión de tela. Lamentablemente Plüschow y su navegante murieron en un accidente en el lago Rico, cerca del Glaciar Perito Moreno, algunos años más tarde. El padre De Agostini, como no podía ser de otra manera, fue el primero en fotografiar la zona en un recordado vuelo que despegó de Puerto Natales.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Buscaini, Gino y Metzeltin, Silvia (2000). Patagonia, tierra mágica para viajeros y alpinistas. Madrid: Desnivel.
  • Kearney, Alan (1993). Mountaineering in Patagonia. Cloudcap: Nepal.
  • Undurraga, Francisca. Nueva Variante en el Paine Grande. Revista Escalando, 2016.
  • www.andeshandbook.org
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