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Artista: Barbara Drausal | INTUICIÓN, TIEMPO Y ESPACIO

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«La naturaleza es el arte perfecto», reflexiona. «No hay un amanecer igual a otro y aunque vea cientos de amaneceres cada uno me conmueve en forma distinta y en cada uno descubro un matiz de color desconocido», agrega Barbara Drausal. La pregunta nunca será retórica. Sus formulaciones, infinitas, nunca serán suficientes. Las respuestas, mucho menos. ¿Es el arte un concepto absolutamente definible? ¿Qué sonidos, aromas o imágenes encierra el concepto? «Están los amaneceres, pero también los susurros del viento entre las hojas y también los movimientos sutiles de los pájaros. Cada instante es diferente. Y cada instante ofrece una ensoñación. Me pierdo en el agua. Me pierdo en sus reflejos. Y al perderme, para no perderme, quiero capturar el momento», apunta ella. Su reflexión extiende las suposiciones hacia límites infinitamente poéticos.
«Estos momentos de los cielos infinitos, de la lluvia, de los aromas me regalan los momentos de silencio, de sentir la alegría de estar simplemente viva. Uso mi cámara fotográfica para registrar la realidad que en el instante de apretar el obturador se convierte en algo que no es. El agua con sus pigmentos ofrece un instante más presente en su maleabilidad y en su movimiento pero también, llega el momento en que queda fija en el papel. Y luego surge mi ˜encantamiento . Los dos momentos reales que ya no son, que se unen para presentar otra realidad escondida».
Así, es posible definir lo que uno hace. Lo que ella hace: «Lo mío es una actividad lúdica con los elementos, es algo desprejuiciada, sin inquietudes racionales ni discursos velados. Dejo que la intuición maneje mi obra. Quiero asombrarme ante lo nuevo y nunca visto, sumergirme en una tierra que pone entre paréntesis lo irrevocable del tiempo y el espacio», sugiere Barbara. Todos observan. Todos observan lo que hace.
Piensa, ella, una vez más, siempre: » ¿Hace falta que haya mensajes en una obra de arte? ¿Es posible una comunicación más elemental de transferencia de emociones sin el tamiz de códigos y lenguajes, sin tener que pasar por la intelectualización? Sus momentos, los particulares fragmentos de un todo conjetural, de repente, coinciden: «Los dos instantes, el de la fotografía y el de la acuarela, conversan y de allí brota otro paisaje que me remite al mundo de los sueños, a otra realidad, a lo escondido en una ventana o nube. Y ya no es más acuarela y tampoco fotografía. Es un sentimiento que comparto. Mi mirada se pierde, habla en los espacios, busca, y encuentra. Y esa permanente interacción me hace humana. Llego a la imagen, me detengo, observo, comparto, continúo y vuelvo a empezar. Luego, el infinito es de todos y todos son el uno, el otro y la multitud. Al mismo tiempo. «En el instante en que comparto mi obra, ésta comienza a volar en la mirada del otro. Asimismo yo me convierto en el otro y el otro se convierte en una parte mía. Y somos uno solo mirando algo que es distinto para cada uno y cada ˜encantamiento se convierte en infinitos ˜encantamientos como los infinitos cristales de hielo. Palabra, obra y pasiones de Barbara Drausal.

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