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LIBROS RECOMENDADOS #40

POR MARTÍN ZUBIETA

Cómicos, tiranos y leyendas. Osvaldo Soriano Seix Barral, Buenos Aires, 2012.
A estas alturas no es necesario presentar a Osvaldo Soriano (1943-1997), que se presenta solo con títulos como Triste, solitario y final, Cuarteles de invierno o Artistas locos y criminales. También por personajes inolvidables como Mister Peregrino Fernández o el “Gato” Díaz, el arquero del penal más largo del mundo. O por sus eternos homenajes a Raymond Chandler y Philip Marlowe. A quince años de su muerte, acaba de editarse un texto que recopila notas periodísticas que no habían aparecido hasta ahora en forma de libro. Entre otros textos, el libro ofrece tres reportajes bien profundos (y bien de época) a Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar y Quino, además de semblanzas increíblemente bellas de Chandler, Hermenegildo Sabat, Cesar Tiempo, Dashiell Hammett, Osvaldo Bayer o Adolfo Bioy Casares. Incluye dos necrológicas notables (las de Marcello Mastroianni y Alberto Olmedo) y un gran artículo sobre Muhammad Alí a propósito de la pelea en la que venció a George Foreman en Kinshasa, Zaire, en 1974. Pero si todo texto se justifica por una página (Borges solía argumentar que una buena línea podía justificar a un poeta), esa es la que bosqueja el perfil de otro boxeador, el extraordinario Nicolino Locche, estrella, esa noche de 1972 y otras tantas, de un abarrotado Luna Park: “Cuando su rival trastabilló, Locche miró al árbitro, le pidió con un gesto que detuviera la pelea y bajó los brazos”, cuenta Soriano.

Londres. Virginia Woolf Lumen, Buenos Aires, 2005.

Virginia Woolf nació en Londres en 1882 y murió en 1941en Sussex. Entre sus producción bibliográfica sobresalen títulos bien conocidos como Al faro (1927), Orlando (1928) o Las olas (1931). Escritora, novelista, ensayista, precursora del feminismo, junto sus hermanos abandonó el esplendoroso barrio de Kensington para vivir en el bohemio y artístico Bloomsbury. El libro recopila textos que la revista Good Housekeepinng le encargara en 1931(uno de ellos, “Retrato de una londinense”, se creía definitivamente perdido) y lo transforman en una especie de obra maestra del minimalismo: lo que describe y cuenta Woolf asume características o perspectivas definitivamente íntimas, aunque el centro de la escena siempre lo ocupe la cosmopolita ciudad de Londres. Todas las páginas, más allá de los temas, tienen su impronta personal, su miraba inteligente y sumamente poética, se trate de una mujer que dominaba el arte de enterarse de todos los secretos de la vieja capital victoriana, la señora Crowe, de los infinitos tonos, ruidos y colores que se suceden en el puerto, de las mansiones de los “grandes hombres” y sus costumbres (Charles Dickens, John Keats, Thomas Carlyle, el doctor Samuel Johnson) o las abadías o catedrales de la metrópoli. “Quien no conozca un verdadero cockney, quien no pueda alejarse de las tiendas y los teatros para torcer por una callejuela lateral y llamar a la puerta de una casa particular, no puede jactarse de conocer Londres”. Virginia Woolf dibuja a la capital inglesa de manera exquisita.

Historia de los bombardeos. Sven Lindqvist Turner, Madrid, 2002.
A Sven Lindqvist (Estocolmo, 1932, doctor en Historia de la Literatura, autor de una treintena de libros, alguna vez miembro del equipo que conducía la Biblioteca Nacional Sueca), se le ocurrió la idea de repasar una historia jamás escrita: la historia específica de los bombardeos desde que el mundo es mundo (o desde que los hombres entendieron y adoptaron esta desdichada costumbre) Y lo hace de una manera “cortaseana”, como lo saben todos los lectores de Rayuela: a través de distintas entradas, el autor sugiere a qué pagina debe dirigirse el lector, tanto que el texto no tiene índice (solo una pequeña cronología a manera de preludio) porque Lindqvist explica la manera de leerlo (“es un laberinto con veintidós entradas y ninguna salida. Cada entrada da paso a una narración o exposición que el lector seguirá, desplazándose de un apartado a otro de acuerdo con las flechas”, aclara. No se trata, sin embargo, de una apología absurda de la violencia, de la guerra o de los mismísimos bombardeos. Es, de muchas maneras, un libro de Historia que describe e interpreta de manera amena hechos y acontecimientos atroces, desde la invención de lo que se considera la primera bomba (fabricada en China en el Siglo II) hasta el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Se trata de un texto rarísimo -por el tema y su estructura- que no banaliza la cuestión de su objeto de estudio (la bibliografía que cita es apabullante, además).

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